Sonata de los espectros (fragmento)August Strindberg

Sonata de los espectros (fragmento)

"Bengtsson.—Tú servirás la mesa, Johansson, y yo mientras recogeré los abrigos. No será la primera vez que sirves, ¿verdad?
Johansson.—Como sabes, durante el día empujo el carro de combate por las calles, pero por la noche sirvo la mesa cuando tenemos invitados... Siempre he vivido con el sueño de entrar en esta casa... Son gente rara, ¿no?
Bengtsson.—Sí. Un poco fuera de lo común, podríamos decir.
Johansson.—Y esta noche, ¿qué va a haber, una velada musical o qué?
Bengtsson.—Es la habitual cena de los espectros, como la llamamos nosotros. Toman té sin decir una palabra o bien el coronel pronuncia su monólogo. Y mordisquean las pastas todos a la vez, así es que suenan como las ratas de una buhardilla.
Johansson.—¿Por qué la llamáis la cena de los espectros?
Bengtsson.—Porque todos parecen espectros... Y llevan así veinte años, siempre las mismas personas, diciendo siempre lo mismo. O callándose para no tener que avergonzarse de su conducta.
Johansson.—¿No está la señora de la casa?
Bengtsson.—Sí, claro, pero, está loca. Se pasa la vida metida en un ropero, porque sus ojos no soportan la luz... Está ahí dentro... (Señala una puerta falsa que hay en la pared.)
Johansson.—¿Ahí dentro?
Bengtsson.—Sí, ya te he dicho que son gente un poco fuera de lo común...
Johansson.—¿Cómo es?
Bengtsson.—Como una momia..., si quieres verla... (Abre la puerta falsa.) ¡Mira, ahí la tienes!
Johansson.—¡Dios mío!...
La momia (gorjeando como un niño).—¿Por qué abres la puerta? ¿No te he dicho que tiene que estar cerrada?
Bengtsson (le habla como a un bebé).—¡Ta, ta, ta, ta! ¡Y ahora el lorito bonito será buenecito y le daremos su terroncito!... ¡Lorito, lorito real!
La momia (como un loro).—¡Lorito real! ¿Está Jacobo ahí? ¿Está el lorito ahí? Lorito..., currrre..., crrr...
Bengtssqn.—Cree que es un loro y tal vez lo sea... - (A La momia.) ¡Polly, sílbanos un poco!
(La momia silba.)
Johansson.—¡He visto muchas cosas en mi vida, pero nunca nada parecido!
Bengtsson.—Mira, cuando una casa envejece, se llena de moho, y cuando las personas llevan mucho tiempo encerradas, martirizándose mutuamente, entonces se vuelven locas. Esta mujer, la señora de la casa —¡cállate, Polly!—, esta momia ha vivido aquí cuarenta años con el mismo marido, los mismos muebles, los mismos parientes, los mismos amigos... (Cierra la puerta del ropero de La momia.) Y de lo que ha ocurrido aquí en esta casa... no tengo ni idea... ¡Mira la estatua!... ¡Es la señora de joven!
Johansson.—¡Dios mío! ¿Esa es... la momia?
Bengtsson.—¡Sí! ¡Es para echarse a llorar!... Y la señora, impulsada por la fuerza de la imaginación o por lo que sea, ha ido adquiriendo algunas de las rarezas del locuaz pájaro..., por eso no aguanta inválidos ni enfermos... No aguanta ni a su propia hija. Como está enferma...
Johansson.—¿Está enferma la señorita?
Bengtsson.—¿No lo sabías?
Johansson.—¡No!... Y el coronel, ¿quién es?
Bengtsson.—¡Ya lo verás!
Johansson (contemplando la escena).—Es terrible pensar... ¿Cuántos años tiene ahora la señora?
Bengtsson.—Nadie lo sabe..., pero dicen que cuando tenía treinta y cinco representaba diecinueve y que convenció al coronel de que los tenía... aquí, en esta casa... ¿Sabes para qué emplean ese biombo japonés negro que hay al lado del diván?... Lo llaman el biombo de la muerte porque, cuando alguien va a morir, lo colocan delante de la cama... como en los hospitales...
Johansson.—¡Qué espanto de casa!... Y pensar que el estudiante estaba deseando entrar en ella como si fuese el paraíso. "



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