Cuando las palomas cayeron del cielo (fragmento)Sofi Oksanen

Cuando las palomas cayeron del cielo (fragmento)

"Juudit alzó la mano en que Gerda le había colocado una pequeña bandera azul, negra y blanca. Los gritos aumentaban y quien los provocaba pronto pasaría por delante de Juudit: el suboficial Eerik Hurme con la Cruz de Hierro compitiendo en su pecho con las medallas de la guerra de invierno de Finlandia. Juudit ya sabía qué diría la prensa al día siguiente: los pasos de los legionarios se describirían como firmes; a los padres presentes, como orgullosos; se acordarían de mencionar la bandera de Estonia en varias ocasiones pero siempre junto a la alemana, y tal vez hubiese una imagen en que la ganchuda nariz de Litzmann se estremeciera de entusiasmo mientras su mano estrechaba la del suboficial Hurme. Por los informes que Hellmuth recibía, Juudit sabía que la población estaba irritada porque los movilizados habían tenido que firmar un papel donde declaraban que su alistamiento era totalmente voluntario. Los informes manifestaban preocupación porque se extendiera ese tipo de opiniones y porque los jóvenes rehuyeran las campañas de reclutamiento. Juudit contemplaba allí a auténticos voluntarios, junto a la entusiasta Gerda, cuando de repente divisó a lo lejos un perfil familiar. El hombre desapareció entre la multitud y ella se tapó la boca con una mano. La cabeza de pelo oscuro asomó un poco más lejos y el hombre se volvió... No, Juudit se había equivocado, su mente le había jugado otra mala pasada. Sin embargo, aquella cabeza familiar volvió a atisbarse, un metro más lejos del hombre que ella había confundido. Juudit barrió con la mirada el público, en vano; intentó cruzar la plaza: imposible. Tal vez sólo fueran alucinaciones. Quizá había visto un muerto, los muertos disponían de tres meses en la tierra para despedirse. La muchedumbre era tan densa que se mantuvo pegada a Gerda y escuchó los discursos hasta el final, aunque se sentía desfallecer, y también cantó el himno de Alemania y luego siguió a su amiga por las calles Harju y Toompuiestee hasta la estación de tren. Hellmuth se hallaba por allí en algún lugar, tras las huellas de saboteadores bolcheviques; los legionarios, equipados de modo diverso, ya habían formado fila en el andén. Juudit buscó con la mirada a Roland, o al hombre que se le parecía. "


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