Redoble por Rancas (fragmento)Manuel Scorza

Redoble por Rancas (fragmento)

"El viejo quiso perseguirlos a pedradas, pero se lo prohibieron su debilidad y el trote de los bastardos.
Egoavil había comenzado a soñarlo. Fortunato lo perseguía en sueños. Se le aparecía todas las noches. En su soñera vagaba por un desierto, más allá de toda fatiga, cuando oyó una voz; alarmado, Egoavil apresuró el paso, pero lo silbaron de nuevo. ¿Quién podía nombrarlo en esa planetaria soledad? Siguió huyendo de la voz implacable. Sólo leguas más allá reconoció aterrado que el hablador era su caballo; se descabalgó tiritando para descubrir que el cuartago tenía la tumefacta, la anaranjada cara de Fortunato. Y soñó también que encontraba en su dormitorio un retrato del viejo. Enloquecido, arrancó el rostro odiado sólo para descubrir que era un calendario atroz y que debajo de cada cara arrancada surgían cientos de rostros del viejo: Fortunato riéndose, Fortunato sacándole la lengua, Fortunato llorando, Fortunato guiñándole los ojos, Fortunato con la cara azul, Fortunato con la cara agujereada, Fortunato granizado. Y soñó peor: Fortunato se le apareció crucificado. Lo ensoñó como un Jesucristo clavado en una cruz. Los fieles de Rancas, los devotos de toda la tierra, seguían el anda rezando. El crucificado vestía los mismos pantalones sebosos y la deshilachada camisa del viejo; en lugar de la corona de espinas, lucía su sombrero rotoso. Nítidamente Egoavil distinguió la cara hinchada. El crucificado, el Señor de Rancas, aparentemente, no padecía; de tiempo en tiempo descolgaba un brazo y se llevaba a la boca una botella de aguardiente. Egoavil avanzó tras el anda temblando, con una vela en la mano, queriendo ocultarse, pero el crucificado lo reconoció y le gritó: «¡No se me corra, Egoavil! ¡Mañana nos veremos!», guiñándole un ojo tapiado por una amarilla, atroz tumefacción. Se despertó gritando. "



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