Crónica de los Wapshot (fragmento)John Cheever

Crónica de los Wapshot (fragmento)

"Mi joven esposa morena, vestida con sus mejores galas. Se hacía ella misma toda su ropa. Dulzura, gracia. Recuerdo la finura de sus muñecas y tobillos. Fugaz alegría o tristeza en su rostro. Mucha franqueza. El verdadero sentido de la belleza fluye de una mujer hermosa. Poesía. Música. Hace que todo lo que toque parezca una revelación. La mano del autor. El feo vagón de tren. «Una vez fui a Swamscott en el tren», dijo. Su voz musical convirtió el viaje en un poema. Cisnes. Música de arpas. Fuentes. Swamscott no vale nada y los trenes son iguales en todas partes. Muchacha flexible y fragante, que llevaba la semilla de un duende. Profundo sentimiento de compasión. También plomo en el lápiz.
Llegada a Franconia. Tomamos un simón para ir a la pensión. Ocho dólares por semana. Región norteña. Noches frías hasta en pleno verano. Cena fría en un lúgubre comedor. No importaba. El amor es ciego al pudín frío, a la lívida patrona, a las manchas del techo. La cámara nupcial, un gran dormitorio de granja. El agobiante cabecero de la cama, pintado con uvas moradas. La estufa de hierro estaba ardiendo. Nos desnudamos a la luz y al calor del fuego.
No había pesca en las cercanías. Paseaba con mi esposa por las colinas. Paisajes preciosos. Azulados montes en la distancia. Viejos lagos. Viejas montañas. Campo agreste, al norte de las ciudades industriales. Entonces florecientes. Ahora arruinadas. (Incapaces de superar la competencia entre el sur y el oeste.) Cultivos marginales. Campos pedregosos. La mayoría de los pueblos de los montes abandonados ya entonces. Cimientos excavados, edificios en ruinas en los bosques. Casas, escuelas, incluso iglesias. Los bosques de las proximidades aún intactos. Ciervos, osos, algunos linces. Joven esposa cogía ramilletes de flores de los jardines plantados por esposas de granjeros, que ya se habían marchado. Rosas inglesas. Lirios. Flox y primaveras. Trajo algunas a la cámara nupcial. Las puso en una jarra. Verdadero amor por las flores. Un tiempo perfecto para recoger el heno. El autor trabajó en el campo con los hijos del granjero. Tormenta al final del día. Nubes oscuras acumulándose. Canto del gallo. Profundo sonido de piedras rodando por las colinas. Meter el heno en el granero antes de que llueva. Relámpagos. La pesada carreta se pone a salvo justo cuando caen las primeras gotas. Mucho después del anochecer, del fin de la lluvia, el abrazo de la esposa devuelve al autor todas las cosas buenas. La magia de la recogida del heno. El calor del sol. El fresco de la tormenta. "



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