La muerte del corazón (fragmento)Elizabeth Bowen

La muerte del corazón (fragmento)

"Algunas personas están moldeadas por las cosas que admiran; otras, por las cosas que odian. Si algo había influido en la evolución de Daphne, había sido el deseo de comportarse y de hablar en todas las ocasiones como nunca lo habría hecho Anna. En ese momento, la sola idea de la existencia de Anna le hacía mordisquear la tostada con una expresión peculiar, manchándose con mermelada todo el labio inferior.
En Waikiki la mermelada era muy espesa, muy dulce y de brillante color anaranjado: la mesa estaba puesta con un juego de porcelana de diseños chinos en blanco y cobalto. Unos gruesos posafuentes de mimbre hacían que las fuentes se balancearan sobre la madera de roble sintético. Un sol de pura sustancia marina inundaba la mesa del desayuno. Paseando su mirada por el jardín de invierno, Portia se dijo que el lugar resultaba de lo más agradable. Los Heccomb no solo comían, sino que también vivían en la sala de estar, puesto que desconfiaban, con sobradas razones, de la estufa de antracita ubicada en lo que supuestamente era el comedor. Por lo tanto, utilizaban solamente ese comedor en verano o con ocasión de fiestas cuyo número de invitados generaba una especie de calor natural... Las gaviotas se abalanzaban sobre la hierba en una serie de blancas zambullidas; apenada, la señora Heccomb notó que Daphne estaba en medio de uno de sus raptos de odio contra Anna. "



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