Una mancha de tinta (fragmento)René Bazin

Una mancha de tinta (fragmento)

"Y como el cargo se hallara vacante, por casualidad, he vuelto á casa de mi antiguo jefe y he ocupado de nuevo mi mesa y mi sillón de pasante principal entre la sala común de los pasantes y el despacho del señor Boule. Reviso los actos de los pasantes inferiores; recibo á los clientes y les informo acerca del estado de sus asuntos, cuyos clientes me toman con frecuencia por el mismo señor Boule; voy al Palacio de Justicia casi diariamente á tomar notas en las escribanías y relatorías, y asisto al teatro una vez por semana con los billetes gratuitos del bufete.
¿Es esto una profesión? No, es un expediente que me permite vivir y esperar. Algunas veces me figuro que estaré esperando siempre de tal modo algo que no llegará nunca; que lo provisional pudiera muy bien ser definitivo.
Hay en el bufete un pasante viejo que no ha tenido otra carrera, y cuya figura me parece un presagio: rostro encendido, por la influencia de la chimenea, según creo; cabellos blancos enteramente lisos; cuando se le habla parece un carnero espantado, dulce, admirado, ligeramente aturdido. Sus espaldas flacas se han combado por el nacimiento del cuello. Apoya una mano sobre otra para que no tiemblen. Su rúbrica es producto del estudio. Puede permanecer seis horas sentado sin levantarse. Mientras nosotros almorzamos en el restauran, él come en el estudio no sé qué clase de provisiones que todas las mañanas lleva envueltas en un papel, y los domingos, para descansar, pesca, reemplazando la pluma con la caña, y el tintero de algodones con los gusanos de tierra.
Ambos tenemos ya un punto de semejanza. El viejo pasante tuvo un amor desgraciado con una florista, con la señorita Elodia. Me ha contado aquel único drama de su vida. En otro tiempo me parecían tontos y pueriles esos amores de treinta años fecha: hoy comprendo al señor Jupille y siento como él. Se me ha hecho simpático. No le hago dejar su silla cercana á la chimenea para pedirle datos: voy á buscarlos yo donde él está. Los domingos lo veo en los muelles del Sena entre la multitud aficionada á la captura de tencas y de barbos, sentado siempre sobre su pañuelo de bolsillo. Me acerco a él y hablamos. "



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