El suplicio del aroma de sándalo (fragmento) Mo Yan

El suplicio del aroma de sándalo (fragmento)

"Zhao Jia esperaba la orden del jefe encargado de supervisar la ejecución. Al acabar la ejecución, regresaría a casa inmediatamente. La cara conmovedora de los Seis Príncipes le incomodaba. A pesar de tener la cara cubierta con una espesa capa de sangre de gallo, que era finalmente como una máscara, Zhao Jia se sentía nervioso e incluso sentía vergüenza, como si los espectadores le estuviesen viendo desnudo. En su larga carrera como verdugo, era la primera vez que perdía instinto asesino e indiferencia. Por lo general, cuando subía a la tarima con sus hábitos rojos encima y la sangre de gallo en la cara, su corazón se enfriaba como una piedra negra que cae al fondo de un estanque. Una vez sobre las tablas, se ponía en trance y su corazón dormía en el interior de su cuerpo como esa piedra fría caída en un abismo. El verdugo se convertía en una máquina de matar sin sentimientos ni calor humano. Después de la ejecución, cuando se limpiaba la cara, Zhao Jia no sentía que había matado a un ser humano, y le quedaba un recuerdo borroso de lo que había vivido, mitad sueño, mitad realidad. Pero ese día, la máscara hecha de sangre de gallo era como la pintura de un muro que se desconcha por el efecto de una lluvia fina pero persistente. El alma que se había escondido en la piedra deseaba salir y manifestarse. Sentimientos como la compasión, el terror o incluso la misericordia pasaban por su cabeza como un riachuelo que se abre camino, como el agua de las olas que sale violentamente por las rocas del arrecife. Sabía que si quería ser un excelente verdugo, ese tipo de sentimientos no iban a serle de ninguna ayuda. Si la indiferencia es un sentimiento, este era el único que podía permitirse en su oficio. El resto podía destruir su reputación. Zhao Jia no se atrevía, sin embargo, a mirarles a la cara a esos Seis Príncipes de China. Sobre todo, al antiguo jefe del Ministerio de Justicia, el extraño personaje que le había profesado un compañerismo auténtico, el daren Liu Guangdi. Si por un momento su mirada se cruzaba con la de él, esos ojos llenos de ira le habrían provocado sudor en las manos a Zhao Jia, además de un sudor frío que impediría una buena ejecución. Zhao Jia miraba hacia el cielo y fijaba su mirada en las palomas que revoloteaban sin parar en el aire. Esa espiral de pájaros y el movimiento de sus alas le mantenían distraído. "


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