Enredadera de Yoshino (fragmento)Junichiro Tanizaki

Enredadera de Yoshino (fragmento)

"A partir de ahí me dio la corazonada de que si yo iba al bosque Shinoda podría encontrarme con mi madre. Creo que fue hacia mi segundo o tercer año de escuela elemental cuando sin decir ni una palabra en casa salí de tapadillo, invitando a un amigo de mi mismo curso, y viajé hasta allí. Es un sitio bastante incómodo; aun ahora, tras bajarse del tren de Nankai hay que caminar casi dos kilómetros; y ni siquiera sé si en aquel entonces había tren que acortara el camino. Creo recordar que hicimos un buen trecho en una tartana desvencijada, y que después nos hartamos de andar. Llegados al lugar, vimos que en medio de un bosque de alcanforeros gigantes se alzaba el santuario de la diosa Inari, la de hojas de arruruz, y allí estaba el pozo llamado “espejo de la princesa de arruruz”. Me puse a contemplar las pinturas expuestas en la sala de exvotos; entre ellas vi la escena de la madre separándose de su hijo, y también un retrato enmarcado de Jakuemon o de alguien por el estilo; lo cual me proporcionó algún consuelo. Salí del bosque, y en el camino de vuelta, desde las oscuras viviendas campesinas se filtraba hasta mis oídos ese ruido de siempre que hacen los telares: tris-tras, tris-tras…, provocándome una inmensa añoranza. Tal vez esta ruta atravesaba la zona textil del algodón de Kawachi, y allí abundarían los telares. De todos modos no podría decir hasta qué punto ese ruido venía a colmar el vacío de mi nostalgia.
Sin embargo, lo que me resulta extraño es que el blanco continuo de mis anhelos era especialmente mi madre, y que mi padre no lo era tanto. Con todo, es de considerar que como mi padre la había precedido en morir, podía quedar alguna remota probabilidad de que la imagen de mi madre permaneciera en mi memoria, mientras que en el caso de mi padre, eso era imposible. Enfocándolo desde ese punto de vista, el cariño que sentía por mi madre era como la atracción vagamente experimentada por el misterio de la mujer, o bien —por decirlo de una vez— ¿no tendría que ver con el brote del amor en plena adolescencia?
Y esto, porque para mí, la que fue mi madre en el pasado, y la que en el futuro haya de ser mi mujer, son las dos igualmente ese “misterio de la mujer”, que en ambos casos está ligado a mi destino por un hilo invisible. Después de todo, este estado de ánimo será también compartido en su grado por cualquiera, aun cuando no se encuentre en mis circunstancias. "



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