El blues de la calle Beale (fragmento)James Baldwin

El blues de la calle Beale (fragmento)

"Y Fonny me hace otro guiño y empieza a devorar una costilla.
Fonny mastica y me mira: en completo silencio, sin mover un músculo, de pronto los dos nos reímos. Nos reímos por muchos motivos. Estamos juntos en una zona donde nadie puede alcanzarnos, tocarnos. Somos felices porque la comida que tenemos alcanza para Daniel, que come tranquilamente, sin saber que nos reíamos, pero sintiendo que nos ha ocurrido algo maravilloso, lo cual significa que las cosas maravillosas pueden ocurrir en este mundo y quizá alguna vez le ocurran a él. De todos modos, es maravilloso despertar en una persona ese sentimiento.
Daniel se queda con nosotros hasta medianoche. Le asusta un poco irse y salir a esas calles. Fonny se da cuenta y le acompaña hasta el metro. Daniel, que no puede dejar sola a su madre, se muere de ganas de estar libre para poder vivir su propia vida, pero al mismo tiempo tiene miedo a lo que pueda depararle la vida, le tiene miedo a la libertad y está como metido en una trampa. Y Fonny, que es menor, lucha por ser mayor que él, trata de ayudar a su amigo y de impulsarle a liberarse. ¿Acaso mi Señor no liberó a Daniel? ¿Y por qué no a todos los hombres?
La canción es vieja. La pregunta no ha encontrado respuesta.
Aquella noche, mientras caminaban, y muchas otras noches, Daniel trató de contar a Fonny algo de lo que le había sucedido en la cárcel. Algunas veces hablaban en el taller de Fonny, de manera que yo les oía; otras veces, él y Fonny estaban a solas. Algunas veces, al hablar, Daniel lloraba; algunas veces Fonny le abrazaba. Otras veces era yo quien le abrazaba. Daniel lo sacaba todo de su interior, obligaba a salir todo aquello que tenía dentro: se lo arrancaba como si hubiera sido un metal retorcido, desgarrado, frío, que arrastraba su carne y su sangre. Se lo arrancaba de sí como alguien que trata de curarse.
—Al principio, uno no entiende lo que le sucede. No hay manera de entenderlo. Los tíos llegaron y me agarraron en la entrada de mi casa y me registraron. Después, cuando volví a pensar en aquel momento, me di cuenta de que ni siquiera sabía por qué. Siempre me sentaba en la escalera, a la entrada de mi casa, con los demás muchachos. Y los tíos pasaban muchas veces frente a nosotros. Yo nunca me había complicado con la mierda de la droga, pero ellos sabían que algunos de los muchachos tenían algo que ver…, yo sabía que ellos lo sabían. Y veían a los muchachos rascándose, cabeceando… Cada vez que lo pienso, me doy cuenta de que a esos hijos de puta de la policía no se les escapa nada. Van a la comisaría e informan: «Todo tranquilo, señor. Hemos seguido al traficante mientras hacía su recorrido y distribuía la mierda y hemos comprobado que los negros están mezclados en el asunto». Pero aquella noche yo estaba solo, a punto de meterme en casa, cuando pararon el coche y me gritaron y me empujaron hacia el vestíbulo y me registraron. Tú sabes cómo lo hacen…
Yo no lo sé. Pero Fonny asiente, sin mover un músculo de la cara, con los ojos muy oscuros. "



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