Cosas que pasan (fragmento)Luis Goytisolo

Cosas que pasan (fragmento)

"Unos días antes, todavía en Cuba, con motivo de una visita a la ciudad de Cienfuegos, el autocar atravesó unos ingenios de caña de azúcar que, a juzgar por las fotos que hay por casa, bien hubieran podido ser los que pertenecieron a la familia. Me pregunté entonces si lo mío no iba a ser genético. El bisabuelo Agustín emigró a Cuba estimulado sin duda por la primera guerra carlista que dejaba atrás. Volvió a la península cuando dieron comienzo las primeras acciones que habían de conducir a la independencia de la isla. Se instaló en Barcelona, no en el País Vasco, y su asentamiento coincidió con las incipientes manifestaciones del nacionalismo catalán. Igual que uno se divorcia de las personas, en virtud de un similar proceso de progresiva intolerancia, puede hacerlo de las ideas, de las cosas, de las casas, de los paisajes, de las regiones, de las naciones. Claro que mi desvinculación del Partido Comunista no fue precisamente un caso aislado. Por razones similares a las mías, o de otra índole, la casi totalidad de quienes habían militado en medios intelectuales o universitarios que yo conocía fueron abandonando toda actividad uno tras otro. Lo habitual era, simplemente, dejar de ir. Cuando Octavio se aventuró a regresar de la RDA, prácticamente ninguno de sus amigos seguía en el Partido. Yo no entré en detalles al respecto ni él me lo pidió, como dando por supuestos mis motivos, como si su experiencia en Leipzig le hubiera llevado a similares conclusiones; sonreía y callaba. La sonrisa que, según Gomá, era la clave de su encanto personal en la medida en que inducía a cada uno de sus interlocutores a interpretarla como quisiera, predisponiéndoles a que se le atribuyese la agudeza que distingue al pensamiento superior.
Por lo general, toda persona incorporada a una ideología determinada suele identificar a quien se declara ajeno a todas ellas con un reaccionario, un cínico o un pobre de espíritu, por lo mismo que el creyente considera que el que no cree es, en el fondo, un libertino. Y una persona al margen de cualquier ideología puede ser desde luego todo eso, pero también un ser reacio a que una interpretación del mundo preestablecida condicione su personal visión de éste y, sobre todo, a que tal interpretación modifique su propia manera de ser. En este sentido, ideología y religión son creaciones del ser humano perfectamente equiparables, ambas totalmente invasivas tanto del cuerpo social en su conjunto cuanto de lo más íntimo de cada individuo, una y otra generadoras a lo largo de los siglos así de innumerables víctimas como de innumerables verdugos. Si el niño, inerme ante una vida de la que nada sabe, es presa fácil del sentimiento religioso, la petulancia adolescente suele ser más proclive al deslumbramiento ideológico. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com