Thomas el oscuro (fragmento)Maurice Blanchot

Thomas el oscuro (fragmento)

"En aquel estado de abandono se dejó arrastrar por el sentimiento de la duración. Sus manos se crisparon suavemente, sus pasos la abandonaron y se deslizó en un agua pura donde, de un instante a otro, franqueando destellos de eternidad, parecía pasar de la vida a la muerte y, cosa peor, de la muerte a la vida, en un sueño atormentado, reabsorbido por un sueño apacible. Después, de repente, entró con un fragor de tormenta en una soledad hecha de la supresión de todo espacio y, desgarrada violentamente por la exhortación de las horas, se descubrió. Fue como si se encontrase en un verde valle donde, invitada a ser el ritmo personal, la cadencia impersonal de todas las cosas, se convertía, con su edad y su juventud, en la edad y la ancianidad de los demás. Primero descendió al fondo de una jornada completamente extraña a las jornadas humanas y, entrando con toda seriedad en la intimidad de las cosas puras, elevándose después hacia el tiempo soberano, ahogada entre los astros y las esferas, lejos de conocer la paz de los cielos, se echó a temblar entristecida. Fue durante aquella noche y aquella eternidad cuando se preparó a devenir el tiempo de los hombres. Erró sin descanso a lo largo de pasillos vacíos, iluminados por los reflejos de una luz que continuamente se hurtaba mientras la perseguía sin ganas, con la obstinación de un alma perdida de antemano, incapaz de recobrar la razón de aquellas metamorfosis y la finalidad de aquella marcha silenciosa. Pero, cuando pasó ante una puerta que parecía la de Thomas, reconociendo que la trágica explicación continuaba, vio claramente que ya no discutía con él por medio de palabras y pensamientos, sino por el tiempo mismo que la desposaba. Ahora, cada segundo, cada suspiro —y era ella, nadie más que ella— atacaban sordamente la vida impasible que él le oponía. Y en cada uno de sus razonamientos, más misteriosos todavía que su existencia, él descubría la presencia mortal de adversario, de aquel tiempo sin el cual, inmovilizado para siempre, no pudiendo volver de las profundidades del futuro, habría estado condenado a ver sobre su desolada cima, como el águila profética de los sueños, extinguirse la luz de su vida. "


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