Tobías el lechero (fragmento)Shalom Aleichem

Tobías el lechero (fragmento)

"¿Para qué sirve un buen caballo si no sale del establo? ¿Para qué sirven hijas hermosas si tienen que vegetar en una aldehuela miserable sin ver a nadie más que a Antón Poporila, el alcalde cristiano, al escribiente Jvetka Galagán, un palurdo de elevada estatura, melena y botas altas, y al cura, borrados sean sus nombres y su recuerdo? A este último no quiero ni nombrarlo. No porque yo sea judío y él, cura. Al contrario, siempre estuvimos en muy buenas relaciones, y desde hace muchos años. Bueno, no nos visitábamos ni nos invitábamos a las fiestas, pero cuando nos encontrábamos, nos saludábamos, cambiábamos unas frases triviales sobre el tiempo, o sobre las novedades del día. Internarme con él en temas más profundos no me gustaba. Porque en seguida nos trenzábamos en discusiones. «Nuestro Dios... El Dios de usted...» Yo trataba entonces de cortarlo con una cita. «Dice un versículo de nuestra Biblia...» Él me interrumpía entonces para afirmar que los versículos los conocía tanto como yo, y quizá mejor. Y se ponía a recitar de memoria la Biblia, claro está, como lo hacen los goim: «Bereshit bará alakim». Siempre lo mismo. Yo volvía a interrumpirlo para decirle que según aquel pasaje del Talmud... Pero el Talmud no le gustaba al cura, porque decía que era «puro fraude». Ante lo cual yo me indignaba profundamente y le decía todo lo que me venía a la boca. ¿Pero usted cree que le importaba? ¡Ni un comino! Me miraba riendo y atusándose la barba con los dedos. No hay nada peor que insultar a un hombre y que éste no le responda. A usted se le derrama la bilis y el otro sigue riendo. En aquel entonces yo no lo había entendido, pero ahora sé a qué se debía esa sonrisa. "


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