La pulga de acero (fragmento)Nikolái Leskov

La pulga de acero (fragmento)

"El hombre de Tula es un gran devoto, lleno de fervor eclesiástico, y eminentemente práctico en este terreno; por eso, los tres maestros artesanos que se habían comprometido a apoyar a Platov, y con él a toda Rusia, no cometieron ningún error al dirigirse hacia el sur en lugar de a Moscú. No iban a Kiev, sino a Mtsensk, capital de distrito en la provincia de Oriol, en la que se encuentra el antiguo icono tallado en piedra de san Nicolás, que en tiempos remotos llegó hasta allí navegando por el río Zusha sobre una gran cruz también de piedra. El icono tiene un aspecto «amenazante y terrorífico». En él, el santo de Mira, en Licia, aparece representado de cuerpo entero, completamente vestido con un traje de plata bañada en oro, con el rostro sombrío, sujetando en una mano un templo y en la otra una espada, la de «la victoria en el combate». Precisamente esa «victoria» lo explicaba todo: san Nicolás, en general, y muy especialmente «el icono de Mtsensk», precisamente el que fueron a venerar los de Tula, es el protector del comercio y los asuntos militares. Oraron ante el icono y después ante la cruz de piedra, y por fin regresaron a su casa por la noche y, sin decir nada a nadie, se pusieron manos a la obra en el más absoluto secreto. Se fueron los tres hacia la casita del zurdo, trancaron las puertas, cerraron los postigos de las ventanas, encendieron una mariposa ante una imagen de san Nicolás y empezaron a trabajar.
Un día, dos, tres estuvieron allí dentro sin salir, dando golpes con sus martillitos. Estaban forjando algo, pero qué forjaban, nadie lo sabía.
Todo el mundo tenía curiosidad, pero nadie conseguía averiguar nada, porque los artífices no soltaban prenda ni se asomaban al exterior.
Fueron hasta la casita gentes diferentes y llamaron a la puerta con distintos pretextos, como pedir fuego o sal, pero ninguno de los tres artesanos respondía a ninguna demanda, es más, de qué se alimentaban era un misterio. Probaron a asustarlos simulando que ardía una casa vecina, a ver si el susto les hacía salir a toda prisa y se podía ver lo que estaban fraguando, pero no hubo nada que sacara de allí a los tres astutos artesanos. "



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