La noche de Walpurgis (fragmento)Gustav Meyrink

La noche de Walpurgis (fragmento)

"La solemnidad, excelencia, sólo es necedad, como es sabido. Quien no sea capaz de sentir la seriedad en el humor, tampoco será capaz de ver el lado humorístico de la falsa “seriedad” que el hipócrita socarrón tiene por el non plus ultra de la virilidad; una persona así será víctima de los entusiasmos ficticios, de lo que se ha dado en llamar, impropiamente, el “ideal de la vida”. La sabiduría suprema se pasea vestida de Polichinela. ¿Y por qué? Porque todo cuanto ha sido reconocido y analizado como vestidura y sólo como vestidura, incluido el mismo cuerpo, no puede ser necesariamente más que un hábito de bufón. Para todo aquel que tenga por propio al “yo” verdadero, el propio cuerpo, al igual que el de los demás, no serán nada más que un hábito de bufón, ¡nada más! ¿Cree usted que el “yo” podría soportar la existencia en este mundo si el mundo fuese realmente como la humanidad imagina que es...? Bien, podría replicar: a mi alrededor, y no importa adonde miremos, no hay más que horror, sangre y atropello. Mas, ¿por qué sucede eso? Voy a decírselo: todo cuanto compone el mundo exterior se basa en la extraña ley de los signos de “más” y de “menos”... Dios Nuestro Señor, como parece, ha creado el mundo. ¿Se ha preguntado alguna vez si no fue el juego del “yo”? Desde que la humanidad tiene uso de razón ha habido siempre en cada año miles de personas que han vivido en el sentimiento de la llamada “humildad”, ¡falsa, por lo demás! ¿Qué es eso sino “masoquismo” tras la mascarita de una santurronería falaz? A eso llamo en mi idioma el signo “menos”. Y tales signos “menos”, acumulados con el correr del tiempo, actúan como un vacio absorbente en el reino de lo invisible. Eso crea un signo “más" sádico, sediento de sangre y causante de dolor, un huracán de demonios que hacen uso de los cerebros humanos para desencadenar guerras, para provocar la muerte y el dolor; tal como utilizo ahora la boca de un actor consciente para hacer un discurso, excelencia.
Todo el mundo es instrumento, pero nadie lo sabe. Tan sólo el “yo" aislado no lo es; se encuentra en el Imperio del Medio, lejos de los signos de más y de menos. Todo lo demás es instrumento; lo uno es instrumento de lo otro; lo invisible es el instrumento del “yo“. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com