Theophilus North (fragmento)Thornton Wilder

Theophilus North (fragmento)

"Los lectores de las cartas de Mozart conocían hasta no hace tanto tiempo sólo unas pocas de las que aquél dirigió a una prima residente en Augsburgo. Las publicadas conte­nían múltiples asteriscos indicando que se habían hecho supresiones. Ningún editor ni biógrafo querían imprimir la totalidad, por temor de que pudieran molestar al lector y manchar la imagen del músico. Estas cartas a su Basle (primita en alemán) forman una larga cadena de infantiles indecencias. No hace mucho, el famoso autor Stefan Zweig las adquirió y editó con un prefacio para distribución pri­vada entre algunos de sus amigos. No he visto el folleto, pero un musicólogo de Princetown a quien conozco me hizo el relato detallado de la correspondencia y del prólogo de Stefan Zweig. Son de un género que puede llamarse escatológico; según me dijo mi amigo, casi no existe en ellas alusión a temas sexuales, pues todo es "humor de cuarto de baño". El compositor las escribió entre los quince y los diecinueve años. ¿Cómo se puede explicar que Mo­zart, que maduró con tanta rapidez, descendiera a juegos tan infantiles? Las hermosas cartas a su padre preparándolo para las noticias de la muerte de su madre en París las escribió no mucho después. Herr Zweig señala que Mozart nunca tuvo una niñez normal. Antes de los diez ya compo­nía y ejecutaba todo el día y aun hasta muy entrada la noche. Su padre lo exhibía en toda Europa como un niño prodigio. Usted recuerda que trepó al regazo de María Antonieta. Yo no he sido solamente profesor en un colegio de muchachos, sino que he pasado veranos como instructor en campamen­tos y he debido dormir en la misma carpa con siete o diez niños. Los chicos pasan por una etapa en que todos estos temas "prohibidos" los obsesionan, les resultan extrema­damente cómicos, excitantes y, por supuesto, alarmantes. Se admite que las chicas son muy dadas a las risitas, pero le aseguro que los chicos entre nueve y doce años pueden seguir con sus risitas durante una buena media hora si ocurre algún accidente fisiológico. Aventan la ansiedad que rodea a este tabú compartiéndola con todos. Pero Mo­zart, si me permite hablar en un estilo figurativo, nunca jugó al béisbol en un equipo, ni salió a nadar en un picnic de boy scouts… hice una pausa. Su hijo Charles quedó separado de sus coetáneos y esta curiosidad natural infantil por el cuerpo humano se le desvió hacia adentro, y allí ha hecho erupción. "


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