Un doble (fragmento)Hans Theodor Storm

Un doble (fragmento)

"El mundo se volvió cada vez más hostil hacia él; siempre que necesitaba de los demás, escuchaba como respuesta un reproche por el acto deshonroso de su juventud; y pronto escuchó esto allí donde ningún otro habría podido oírlo. Habrían podido preguntar: "Tú, que tienes brazos fuertes y puño poderoso, ¿por qué toleras esto, por qué no les impones silencio?" ¡En una ocasión, cuando un marinero maleducado insultó a su mujer diciendo que era una pordiosera, él había arrojado al hombre y casi le había destrozado el cráneo; y el alcalde, que se mostraba tan favorable hacia él, sólo con dificultad había conseguido arreglar las cosas entre ambos durante la audiencia de conciliación!
Pero esto era diferente; cuando una mano rozaba despiadadamente aquella herida abierta en su vida, cuando él solo creía que estaba ocurriendo eso, dejaba caer los fuertes brazos a ambos lados de su cuerpo, ya que no había nada que proteger o vengar.
Y sin embargo, en su pobre casa seguía habitando, junto a él, la felicidad. Sin duda, cuando su frente se tornaba demasiado siniestra, y su lenguaje demasiado lacónico y seco, ella huía aterrorizada; pero siempre regresaba, y se sentaba en compañía de ambos padres junto a la camita de la niña, y les sonreía y entrecruzaba sus manos sin que lo advirtieran. La alegría aún no se había ido del todo; la anciana se dedicó cada vez más al cuidado de la niña a medida que esta fue creciendo; de nuevo, Hanna iba, de vez en cuando, a trabajar, y ganaba algo de dinero. ¿Quién tuvo la culpa, pues, de que la alegría se fuera cada vez más frecuentemente, y de que estuvieran sentados cada vez más entre las desnudas paredes sin contar ya con la presencia de la grata compañera? ¿Fue la voluntad de las mujeres, o la ira, que llevaba mucho tiempo dormida en ambos y que, después de las grandes alegrías del amor, paulatinamente emergía desde lo profundo de manera cada vez más indómita? ¿O era la inexpiable culpa del hombre, que despertaba en él una amarga irritación? Hacía ya un tiempo que su antiguo patrón había fallecido de muerte repentina, y las cosas se empecinaban en no salir bien, en esas condiciones de miseria y desventura. John finalmente se resolvió a permanecer sentado junto al camino y ocuparse de picar piedras.
Era una noche de otoño; la niña debía de tener un año de edad; estaba acostada en la camita que el padre le había construido poco después del alumbramiento y dormía de modo tal que las cálidas gotitas perlaban la pequeña frente. Pero Hanna estaba sentada a su lado, malhumorada; tenía extendidos los pequeños pies, y un brazo colgaba sobre el respaldo de la silla: la niña aún no quería dormir, y la vieja madre, que usualmente le aligeraba la tarea, se había visto obligada a guardar cama a raíz de un ataque de gota. "



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