Días del desván (fragmento)Luis Mateo Díez

Días del desván (fragmento)

"Los libros se mantenían temblorosos en sus manos mientras la voz fue decayendo, y hubo un momento en que las andanzas del caballero andante, que eran las más prolongadas, quedaron olvidadas en sus labios como la mota de la picadura del cigarrillo.
Desde entonces, don Servo pasaba más de media mañana abatido en su mesa, con la cabeza reclinada sobre los brazos, y el tiempo de esa postración fue el tiempo de la enfermedad que sus alumnos vigilaron con sumo cuidado, de modo que nadie alzara la voz más de lo debido.
El mar del Buxo era una selva verde y entre las aguas de un mar verdadero, que nadie había visto, y la vegetación embravecida del bosque, donde se internaban con el temor de una aventurada navegación, encontraban la ilusa simetría de un mismo sueño.
El Buxo era el mar en la medida en que pertenecía al sueño intrincado de las olas y la espesura, a la profundidad de unas aguas vegetales que guardaban el fondo de las algas y los helechos.
Con frecuencia jugaban en el bosque a piratas y algunos arces o acebos se convertían en navíos que surcaban inquietos las olas, con el vigía sosteniendo un equilibrio difícil en la copa.
Aquella tarde de noviembre subieron al Buxo contraviniendo todas las órdenes y arriesgando el camino que, con la lluvia, se había convertido en un humedal.
Del bosque manaba un vapor que le hacía flotar, como si al alzarse entre la fronda diera la impresión de que el suelo quedaba desprendido y los troncos y las ramas se desplegaban en la atmósfera como velas tendidas en una rara bonanza.
Esa visión, antes de abandonar el camino que bordeaba el Buxo y tomar la senda que arrancaba en su nacimiento, les hizo detenerse y suspirar inquietos, conteniendo el escalofrío que la humedad provocaba en sus cuerpos más desabrigados de lo preciso.
Flotaban los acebos y los arces y los alisos y los abedules y el vapor expandía un aroma de mar invernal, de corrientes leñosas que arrastraban la podredumbre de los frutos, como si de la profundidad más remota también se alzara un hedor de simientes desperdiciadas entre el musgo de los corales. "



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