La acusada (fragmento)Michel de Saint-Pierre

La acusada (fragmento)

"Creo, amigo mío, que esta carta pesa. ¡Y empiezo a creer que ese Mansigny era un santo varón! El «testimonio» en cuestión, para hablar como el autor de la carta, engrosará la colección de elogios que ya he recogido. ¡Cáspita! ¡Me gustaría saber por qué ese demonio de mujercita ha roto sin embargo el conjunto! Nos presenta la confesión más detallada y extensa, no exige la presencia de su abogado en sus primeras confidencias, tiene el aspecto de decirlo todo plantando en los ojos de uno la mirada más límpida que he visto en mi vida... Es bella sin ser provocativa, conmovedora sin lagrimear, pero si relee sus declaraciones, fuera del hecho de reconocer que ha hecho «pimpam» contra su marido, no dice nada, no explica nada, ¡se ríe de nosotros! Y ese Damiens, ¿qué papel desempeña exactamente? ¡Reconozcamos que no ha presentado la menor dificultad al responder a nuestras preguntas! Ya lo ha oído: lo mejor sería arrestarle. De creerle, Laurent Mansigny era un seductor profesional y al mismo tiempo una especie de verdugo chino. Engañaba descaradamente a su mujer y afilaba el ingenio para hacerla sufrir. Damiens nos ha proporcionado muchos detalles al respecto, pero no encontramos a nadie que confirme lo que él cuenta. ¿Qué peso tendrá su declaración ante cualquier clase de Jurado cuando el fiscal, blandiendo la prueba del adulterio, lo haya puesto en la picota como amante de la bella Carol? ¡No entregaré al ministerio fiscal más que lo que se me haya comunicado, diantre! Podría darme por satisfecho ahora mismo con los informes y declaraciones que tengo, pero algo me hace temer que este condenado expediente no está completo. ¡Honoré, le digo que el joven Le Hucheur no significará nada contra la parte civil, que ha elegido a Rennenski como letrado! Conozco a ese Rennenski: es un bello cuarentón tenebroso, con plateados aladares, que explota maravillosamente sus orígenes eslavos, su voz aterciopelada y su perversidad innata. Le gusta intervenir como acusador, le gusta castigar. Es un engendro de la Inquisición. Nuestra joven asesina se verá en apuros. "


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