Hacia la boda (fragmento)John Berger

Hacia la boda (fragmento)

"¿Ves ese montón de enchufes? Se podría llenar un vagón con ellos. En principio, Gino, su porcelana se puede reciclar. Hay que clasificarlo todo. Poner las cosas iguales juntas, separar las que no lo son. Es lo que llevo haciendo toda mi vida. La gente lo mezcla todo. Lo tiran todo en el mismo sitio. Así lo convierten en basura. La basura no existe. La basura es la confusión que formamos al tirar las cosas.
No puedes dejarla, dices. Quieres, pero no puedes. Eso es ya basura, Gino. No quieres dejarla, pero sabes muy bien que sí que podrías. Ella te ha pedido muchas veces que la dejes. Nadie te lo echaría en cara si la dejaras. No tienes futuro. Esos radiadores de ahí tienen más futuro que vosotros dos. En cualquier caso, dejar no es la palabra. Para dejar a alguien tienes que haber compartido el mismo techo, y vosotros nunca habéis vivido juntos en el mismo sitio. No se trata de dejar. Se trata de no ir más lejos, de detenerte. Y tú, tú quieres ir más allá. No te pregunto por qué. No necesito saberlo como no necesito saber por qué hay un metal que se llama tungsteno. El tungsteno existe.
Y el amor también. En tu caso, el amor es tan pesado como el tungsteno. Quieres darle todo a esa francesa. Pues entonces separa las cosas. La amas. Ella va a morir. Como todos. Va a morir pronto. Date prisa, pues. No puedes tener hijos, no puedes arriesgarte a transmitir ese horror a la siguiente generación.
Los antiguos creían que los metales se engendraban bajo tierra, todos ellos habían sido engendrados por la unión del mercurio con el sulfuro. Usa un capote, Gino, y cásate con ella. Te casarás con una mujer, no con un virus. La chatarra no es basura, Gino. Cásate con ella.
Las ruedas rechinan en los raíles cuando el tranvía gira. Es el n° 11, bajo las ventanas del piso de Zdena. Zdena está planchando una blusa en la habitación de la estufa. En el suelo hay una maleta abierta ya hecha.
Solía ayudar a Tante Claire a tender la colada. Salíamos juntas a la huerta con un barreño de plástico, un recipiente lo bastante grande para bañar a un bebé. Eso es algo que nunca haré. El barreño era azul. Las ocas picoteaban en la hierba. Íbamos cogiendo, prenda a prenda, la ropa mojada del barreño y la agarrábamos con pinzas en la cuerda. Yo llevaba las pinzas en el bolsillo del delantal. Eran de plástico, rojas y verdes, como los juguetes de los niños. Han matado a mis niños. "



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