Historia de un idiota contada por él mismo (fragmento)Félix de Azúa

Historia de un idiota contada por él mismo (fragmento)

"La felicidad amorosa, llegados a este punto, aparece en su verdadera verdad, como un intento de comprensión filosófica que no ha utilizado el método adecuado, ya que lo que se trata de comprender es nada menos que ese concepto vacío, el tiempo, o su metáfora más habitual, la muerte; y para alcanzar a comprenderlo es preciso utilizar otros métodos, como luego se verá. ¿Y por qué, siendo siempre así, pervive el mecanismo amoroso en las sociedades industriales, complicando tantísimo las vidas de las personas? Porque siempre es una experiencia singular, la única que parece de uno mismo y sólo de uno mismo, ya que todas las restantes experiencias de investigación, a partir de esta, ya no son singulares sino universales.
En la investigación amorosa los individuos se mantienen como individuos, con su pelo, sus ojos, sus huellas dactilares que les hacen irrepetibles, y no pueden dejar de ser individuos. Pero una vez dilucidado el contenido de la felicidad amorosa, las búsquedas subsiguientes, si la primera ha sido llevada a cabo hasta sus últimas consecuencias, ya no podrán ser de ningún individuo, porque necesariamente se habrá superado el umbral de la huella dactilar y de lo singular, y se habrá penetrado en el neutro, silencioso, quieto mundo de lo general y de lo universal, en el que nada tiene nombre propio, ni mucho menos pestañas.
Esta característica de singularidad hace que toda investigación amorosa le parezca a uno muy personal, irrepetible y llena de originalidades (que, vistas desde fuera, son aplastantemente vulgares) y sorpresas (sólo para quien las sufre, pues los demás las ven venir de lejos); en definitiva, toda investigación amorosa puede contarse como si fuera única cuando en realidad es de una ordinariez que hace girar la cara.
Así por ejemplo, la dialéctica de los celos, definitivamente diseccionada en los modélicos tratados científicos conocidos como La Prisionera y Albertine ha desaparecido, produce siempre una sensación de novedad mundial, por mucho que nada haya variado en ella desde las cuevas de Altamira. Así también, las rupturas dramáticas, soberbiamente descritas en el documento vienés llamado El Duelo, parecen aportar siempre nuevos datos a lo que de puro y simple no admite ni el añadido de un acento circunflejo. "



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