Música de cámara (fragmento)Rosa Regás

Música de cámara (fragmento)

"Ya nos habíamos sentado en torno a las mesas, y cada uno de ellos, en su nombre y en el de su mujer, fue haciendo en voz alta su examen de conciencia, narrando en qué habían fallado y cómo habían logrado dirigir sus miradas en la misma dirección que habría de llevarlos a la unión con Dios. Cada pareja tenía la libertad de establecer su propio plan de vida simple o complicado pero había que definirlo y hacer todos los esfuerzos posibles por cumplirlo, y una vez aquí reunidos, dar cuenta de ello. El orden en la vida cristiana es el camino de la piedad, el desorden, el del pecado. ¿Habían cumplido con el propósito de levantarse sin pereza o el de ir a misa un par de veces a la semana además del domingo o con la obligación que se habían impuesto de no enfadarse, de no dejarse llevar por ira o el malhumor, de no entrometerse en la vida de los demás, de tener paciencia con los padres, los suegros, las criadas o los empleados? ¿Habían llevado una vida sexualmente sana? ¿Habían usado como corresponde del matrimonio, es decir, sin otro objetivo que el de la procreación como manda la iglesia? ¿Habían olvidado que la sexualidad no tiene más razón de ser que la de engendrar hijos para la gloria de Dios?
Y luego venía el famoso «deber de sentarse» que con tanto fervor recomienda en su libro Sobre el amor y la gracia el père Henri Caffarel, otro gran fundador de equipos de matrimonio que desde hace unos años ha conseguido una gran popularidad en la clase alta de Barcelona. Pues bien, en palabras del padre Caffarel el «deber de sentarse» además de otros muchos beneficios para los esposos «nos ayuda a descubrirnos, poco a poco ante nuestro cónyuge» y más aún «evita la rutina de la vida conyugal y mantiene jóvenes y vivos el amor y el matrimonio». No es una mera invención para que los esposos se sienten y hablen de los hechos cotidianos que definen su modo de vida, por el contrario, según el prodigioso saber y entender de este sacerdote que a pesar de que nunca los ha experimentado tiene los conocimientos suficientes sobre el desgaste que se produce cuando los esposos se alejan de la vida del espíritu, permite contrarrestar la locura y la vorágine, y los excesos de información de la vida de hoy en una ciudad como la nuestra, tan alejada de los valores religiosos. Soy consciente y así se lo he dicho a los esposos en muchas ocasiones, que este discurso no sirve para los menos favorecidos que siempre los hay aun cuando llevamos ya diecisiete años de paz en nuestro glorioso país como lo llama el Régimen que nos ha salvado del comunismo. Pero ni el autor del libro ni mucho menos yo que entiendo la diferencia inevitable que hay entre los hijos de Dios, nos referimos a ellos cuando hablamos como ahora, a los privilegiados acostumbrados a las comodidades de una vida que sin embargo ha sido sometida a la ley y el orden que afortunadamente impera en la nación y que Dios quiera que así continúe bajo la dirección del general Franco el mayor tiempo posible, hasta una fecha de un futuro tan lejano que en este momento ni siquiera somos capaces de imaginar. "



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