Tentación (fragmento)János Székely

Tentación (fragmento)

"Tras la hora del cierre no me atrevía a volver a casa por temor a encontrarme con Manci. Me tumbé en un rincón del sótano, como solía hacer el pobre Gyula, pero no pude conciliar el sueño hasta que llegaron los compañeros. Entonces entré con ellos al vestuario y escuché entre escalofríos la historia del suicidio de Gyula, que en sus relatos se había convertido en una sangrienta y enmarañada tragedia.
De hecho, tampoco sabían nada. Ninguno de ellos había sido testigo del suicidio y los pocos empleados que sabían algo prefirieron mantener la boca cerrada, porque en esos asuntos la dirección no tenía clemencia: cualquier indicio de indiscreción se castigaba con el despido inmediato. Los periódicos, que en esos casos siempre se dejaban sobornar, solo publicaron, entre las tantas noticias del día, que «en un elegante hotel a orillas del Danubio» se había suicidado un aprendiz de tal y cual nombre y edad, pero se desconocía el motivo de su acción. Pese a ello, o por eso mismo, no hubo nadie en el lavabo que no quisiera añadir algún detalle escabroso a la muerte de aquel desdichado. Antal, por ejemplo, contó que Gyula, con el cuchillo clavado en el corazón, entró tambaleándose en el vestíbulo y, cubierto de sangre, agonizando, empezó a gritar a los huéspedes que estaban al borde del desfallecimiento: «¡Me ha matado la dirección! ¡Boicoteen el hotel!».
Lajos, en cambio, le había oído decir a la cocinera, una de las muchas chicas que Gyula había cortejado, que nuestro compañero se había desangrado en los servicios que estaban junto a la cocina, cortándose las venas con un cuchillo de matar cerdos.
«Él es el culpable de mi muerte», dijo, según los rumores, y cuando le preguntaron a quién se refería, masculló con ojos desorbitados: «Franciska». Y se murió.
Esos engreídos muchachos de ciudad, que en condiciones normales no habrían hecho ningún caso a historias de este tipo, ahora escuchaban cada dramático y estrafalario detalle con rostro serio y consternado. Pese a su corrupción, en el fondo seguían siendo unos niños inocentes; la mayoría de ellos se enfrentaba por primera vez a la muerte y tras aquel suceso nada parecía demasiado increíble. El alma del pobre Gyula empezó a transmigrar: se convirtió en una leyenda, y Gyula en el protagonista de una epopeya sentimental. "



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