Manuel Lozada. El tigre de Alica (fragmento)Ireneo Paz

Manuel Lozada. El tigre de Alica (fragmento)

"Después de tomar las precauciones de mandar gente que cuidara los caminos para que no dejaran pasar a nadie que pudiera avisar de su movimiento, marchó con su gente a situarse en un punto ventajoso llamado la Cumbre, en el camino que traía Rojas y por donde indispensablemente tenía que pasar. No había que hacer otra cosa sino dejarle subir la cuesta, vencida la cual tenía que llegar la caballada destroncada, y una vez en el terreno escabroso donde le sería imposible maniobrar, se precipitarían las columnas atacándolo por los flancos y por la retaguardia, empujándolo para las barrancas en donde estaba la principal emboscada con los cañones. De allí ya no saldría ninguno. El plan era tan sencillo como inevitable.
Lozada no contaba sin embargo con la huésped, esto es, no contaba con que tenía que habérselas con un hombre infinitamente perspicaz y que venía marchando con toda clase de precauciones desde que sabía que pisaba un terreno en donde hormigueaban los enemigos arteros, cobardes y por lo mismo muy hechos a aprovecharse de las ventajas del número y de terreno y que no se mostraban, sino en el caso de considerarse con gran superioridad. Así es que aunque hiciera sus marchas más lentas, no daba un paso sin que sus exploradores fueran haciendo minuciosos reconocimientos. Antes de subir las cuestas daba reposo a los caballos y luego hacía que los soldados los llevaran de la brida para contar con ellos en cualquier momento. En los lugares montuosos cincuenta hombres de a pie de descubierta iban registrando todos los escondrijos, y tales exploradores iban dirigidos por gente lista y conocedora del terreno. Por lo que, como buenos sabuesos, antes de que ellos mismos fueran advertidos por los lozadeños, pudieron dar aviso oportuno de que el enemigo estaba posesionado de la Cumbre. Sus ojos, su oído, su olfato, todos sus sentidos sabían ponerlos en juego para descubrir el peligro y nunca ni en esta vez se habían equivocado.
Hizo alto Rojas resguardándose tras los recodos del camino, mandando que por secciones se diera un pienso a los caballos y que la descubierta se quedara pecho a tierra sobre el mismo camino, con orden de dejar acercar al enemigo, si avanzaba, hasta poderle hacer una descarga a quemarropa. Él estaría vigilante para acudir en el momento preciso. "



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