El empleado compasivo (fragmento)Magda Donato

El empleado compasivo (fragmento)

"Por esa calle, todo seguido –me ha indicado una castañera, a quien le he preguntado por «Los comedores del Ayuntamiento».
Y, «todo seguido», bajo por la calle del Rosario, a la izquierda de San Francisco el Grande. Al llegar a un portalón grande, con un letrero que dice «Asistencia Social» (más tarde sabré que en esta ala del enorme edificio están los dormitorios y las oficinas), me dirijo a un empleado gordo, con levitón de uniforme y gorra galoneada, que fuma apoyado en la puerta.
«Es más abajo –me dice–; mire... allí...» Me lleva hacia el centro de la calzada y me designa la cola ya formada que, desde la acera, el muro que sobresale, estrechando la calle en su segunda mitad, me impedía ver.
El empleado me ha cogido un brazo suavemente; me habla con extremada dulzura; todo en él respira una infinita compasión hacia la pobreza mía, pobreza de mi fealdad (labios blanqueados y nariz enrojecida, cabello desgreñado y alguna que otra arruga discretamente sombreada; pobreza de mi falda, un tanto deshilachada; de mis viejos zapatones, de mi abrigo raído, de mis medias negras zurcidas).
Debe de pensar: «¡Qué cosas se ven por aquí, Señor!»
Su compasión visible me enternece; y me alejo conmovida, segura de que ha debido de encogerse de hombros, amargamente, y murmurar: ¡Miseria! "



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