La República de Platón (fragmento)Alain Badiou

La República de Platón (fragmento)

"Siempre se puede comenzar por limitar de modo drástico la herencia. Eso ya sería algo. En pocas generaciones, todo aquello que lo merece volverá a la propiedad colectiva. En cuanto a lo demás, admitámoslo, esta cuestión de la familia y de la dialéctica entre lo íntimo y lo público es la cruz del comunismo, porque el amor, que es por su parte, también, verdad exige el retiro, exige que se le acuerde una parte de invisibilidad. No podemos introducirnos en el camino que, en nombre de la tan real carga reaccionaria que es la vida familiar, pretenda suprimir toda distinción entre la vida pública y la vida privada. Por otra parte, la amenaza no está sólo del lado de los proyectos comunistas. A la democracia corrupta, que es el régimen político del capitalismo crepuscular, le encanta también la “transparencia”, y los hombres políticos muestran a plena luz sus amoríos, y hasta sus orgías. La voluntad de terminar con los secretos creadores del amor era flagrante en los países en que se declaraba que la política estaba “en el puesto de comando” y que debía llevarse todo con ella. Pero es asimismo activa en los países en que el dinero está en el puesto de comando: la secreta gratuidad del amor exaspera a los capitalistas que gobiernan en el momento y que prefieren de lejos los jugosos provechos públicos de la pornografía. Lo que se recusa, en ambos casos, es que haga falta para todas las verdades no políticas un retiro, un silencio, un refugio separado. Es también cierto, después de todo, en el caso del artista o en el del matemático. Pero esta cuestión del retiro, de la separación entre vida privada y vida pública, tiene a la vida familiar, desde los orígenes de la humanidad, como forma dominante. Ni siquiera los grandes enamorados pueden escapar a la necesidad de crear esa forma de abrigo para su intimidad. Y de este amor dotado de un refugio se deriva también que se reciba a los niños, cuando nacen, en el don de una intimidad, y no expuestos sin piedad al tumulto de la indiferencia pública. Por eso, al fin y al cabo, la supresión de la familia es necesaria y, a la vez, extraordinariamente difícil. Llevemos esta cruz, jóvenes, y no la tengamos en cuenta. Mientras el movimiento real no suscite, sobre este punto, la idea que nos falta, llevaremos esta cruz. "


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