La bella Dorotea (fragmento)Miguel Mihura

La bella Dorotea (fragmento)

"DOROTEA.- ¡Calla! ¡El tren!
VOZ.- (Dentro.) ¡...Zolitizola...! ¡Un minuto...!
DOROTEA.- ¡Un minuto!
ROSA.- ¡Y de ese minuto depende todo!
DOROTEA.- No, Rosa... Porque si no es hoy, será mañana... No olvides que tienen ya el billete.
(Suena la campana de la estación.)
ROSA.- ¿Me asomo?
DOROTEA.- Sí...
(ROSA va hacia la puerta del foro, pero después de abrirla se arrepien­te y la vuelve a cerrar.)
ROSA.- No. No me atrevo...
DOROTEA.- Ni yo tampoco. Si ya lo tienen decidido, no por ir a buscarlos vamos a impedirlo...
(Ha sonado el pito de la locomotora, el fragor de la máquina y el pitido
ROSA.- El tren que se va...
DOROTEA.- Sí...
ROSA.- ¡Si no le hubiera usted dejado vender todo lo que ha vendido!
DOROTEA.- Me ha salvado, Rosa... ¿Qué era yo sino una pobre histérica de pueblo, que estaba ya al borde del suicidio? Y, además, ha cumplido su promesa de hacerme feliz en todo este tiempo... Y de ser bueno conmigo... Aunque se vaya ahora, todavía debo estarle agradecida.
(Y se abre la puerta del foro y de nuevo entra JOSÉ, visiblemente preo­cupado.)
JOSÉ.- Hola.
ROSA.- (Se vuelve sorprendida.) ¡Hola!
DOROTEA.- (Igual.) Hola.
JOSÉ.- ¿Os pasa algo?
ROSA.- No, nada.
DOROTEA.- Nada.
JOSÉ.- Pues ya estoy aquí otra vez... ¿Qué? ¿No ha entrado nadie? DOROTEA.- No, José. ¿Quién querías que entrase?
JOSÉ.- Qué sé yo... Algún viajero, ¿no?
ROSA.- No. Pues no ha entrado nadie.
JOSÉ.- ¿En la fonda tampoco?
(Y va hacia la puerta de la derecha.)
DOROTEA.- No. Tampoco.
ROSA.- No creo...
JOSÉ.- ¿Y no se ha recibido ningún telegrama para mí?
DOROTEA.- No. Ninguno.
JOSÉ.- Pues es raro...
ROSA.- ¿Por qué?
JOSÉ.- No, no, por nada... Porque es raro...
ROSA.- (De repente tiene un presentimiento y va hacia JOSÉ.) ¿Y Juan? ¿Dónde está Juan?
JOSÉ.- ¿Juan?
ROSA.- Sí. ¿Dónde está?
JOSÉ.- Se ha quedado con el jefe de estación. Han hecho ya las paces y van a jugar una partida. Con el cartero y con el cura.
ROSA.- ¿De verdad?
JOSÉ.- Claro.
DOROTEA.- Entonces, ¿no se ha ido?
JOSÉ.- ¿Y a dónde se iba a ir?
ROSA.- Qué sé yo... Por ahí...
JOSÉ.- No. Ya te he dicho que está con don Felipe en su despacho. Puedes ir a buscarle.
DOROTEA.- Sí, Rosa. Anda, ve...
ROSA.- (A DOROTEA.) No es hoy.
DOROTEA.- No. No es hoy...
ROSA.- Mejor, ¿verdad?
DOROTEA.- Sí, Rosa. Mejor.
ROSA.- Al fin Y al cabo, es un día más...
(Y hace mutis por la puerta del foro.)
JOSÉ.- ¿Le pasa algo a esta chica?
DOROTEA.- No. ¿Qué le iba a pasar?
JOSÉ.- ¡Está así como nerviosa... Y ahora que caigo, tú también lo estás, Dorotea. Desde que entré antes... ¿Por qué?
DOROTEA.- ¿Y tú? ¿Por qué estás preocupado? ¿Qué te ocurre?
JOSÉ.- Bueno, yo tengo mis motivos...
DOROTEA.- ¿Qué motivos?
JOSÉ.- Resulta que estábamos esperando a un amigo y no ha venido... Le esperábamos Juan y yo, ¿sabes? Debía venir ahora en este tren, pero no ha llegado y me extraña mucho, la verdad. Claro que a lo mejor lo ha perdido y viene en el otro correo. En el de las diez y treinta.
DOROTEA.- ¿Y quién es ese amigo que esperas?
JOSÉ.- ¿Me das un vasito de vino? Tengo sed.
DOROTEA.- Sí, José. ¿Blanco o tinto?
JOSÉ.- Blanco.
DOROTEA.- Voy enseguida. "



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