Mil años menos cincuenta (fragmento)Angela Dutra de Menezes

Mil años menos cincuenta (fragmento)

"En el momento del pecado, pecado autor de la vida, la mujer había decidido sola, había sido más poderosa que Dios... Si la mujer no osase, nada acontecería y los hombres, pobres hombres, todavía estarían recluidos en un triste paraíso, lugar donde nada sucede, donde no se piensa nada, nunca hay nada nuevo, sin la mujer todo el trabajo divino, incansables siete días y siete noches de extenuante labor, se habría perdido, ella había desobedecido, había concedido a esta obra la inquietud de la vida, había hecho surgir el mundo al invadir el espacio del Señor, celosamente, había reservado para sí, pues amor, placer y odio son sentimientos de los dioses, ah, a quién se parecía la mujer, eso ni Dios lo explicaba... eran las mujeres mucho más que imagen, mucho más que semejanza, ellas eran el propio Dios.
(…)
La gran utilidad del viaje de Mem fue hacer a Celeste entender por qué partían los barcos con tanta tripulación. Mitad era necesaria, necesitaba trabajar, mitad traía historias, dos problemas resueltos, se navegaba y se entorpecía al pueblo con leyendas fantásticas, una multitud sin separar los pies de la tierra pero necesitando ser cómplice, competente, la Nación, en la familia ni la más astuta de las matriarcas jamás había pensado tal cosa y todas ellas sabían que nada unía más a las personas que el orgullo, la emoción y la riqueza compartidos por todos, como sucede con las ideas. "



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