Mi vida en Alemania antes y después de 1933 (fragmento)Karl Löwith

Mi vida en Alemania antes y después de 1933 (fragmento)

"Ya en 1933 nos pareció una verdadera liberación que, cuando Romano Guardini vino a Marburgo para dar una conferencia y habló sobre Pascual, no se hiciera referencia ni con una sola palabra a su influencia en la actualidad. Pero tampoco se privaron de criticar el hecho. El psicólogo nacionalsocialista Jaensch, que mientras tanto había dado el «contratipo» alemán, estaba furioso por la conferencia y declaró que era una vergüenza que en la Universidad se hubiera escuchado en los actuales momentos a un intelectual extraño (Guardini era italiano de nacimiento) dando una conferencia sobre un francés.
Con el caos inicial de precipitadas órdenes y contraórdenes, el recién nombrado portavoz de los docentes me prohibió seguir dando mis clases. Me pareció inadmisible, me fui a Berlín y conseguí una entrevista a través de un compañero de guerra que trabajaba en el ministerio. El funcionario competente en el tema me aconsejó que no hiciera caso y que siguiera con mi actitud docente. Cuando comencé mi clase estaba seguro de que se iba a provocar un escándalo, pero no se produjo tal. Poco después el portavoz de los profesores me felicitó por mi «misión» en América -un rumor que circulaba constantemente y cuya aparición resultaba sintomática de la situación-. El portavoz debía apartar con gracia la piedra de escándalo y, a la vez, apaciguar el remordimiento tanto de los que tenían su puesto asegurado como el de los advenedizos: el judío había sido relegado a otro lugar y se habían librado de él.
Uno de los profesores al que me unía cierta amistad, y que fue despedido, era el romanista Leo Spitzer. Benedetto Croce le dedicó su trabajo sobre Goethe para resaltar el hecho. Era un judío vienés que ejercía su docencia con entusiasmo, un intelectual muy conocido fuera de Alemania. En abril de 1933 me escribió: «Al igual que Ud, me parece que Alemania sigue siendo todavía el país más bonito para un pedagogo y estudioso; pero también se es padre y sólo con el corazón sangrante se puede pensar que se les pueda negar el acceso a la formación a los que no tienen culpa de nada. Lo que ocurre actualmente es un intento de lograr primitivos bolcheviques sobre bases románticas y pequeño-burguesas, la forma alemana del bolchevique de clase media. Se deben hacer los mayores reproches a la comunidad de advenedizos burgueses, quienes en estos días están demostrando que entre ellos no hay mártires. Ninguna voz se alza de entre ellos, de entre «los otros». Naturalmente, me pregunto si debería o podría hacer algo y ser un mártir, pero esto deberían hacerlo ahora los otros. Escuché el otro día La pasión de San Mateo que resulta muy actual cuando describe la soledad del perseguido. Con ello no quiero decir que aquí, como en otros lugares, no haya corazones buenos y almas compasivas, pero existe una fundamental incomprensión y un distanciamiento entre los que tienen sus puestos seguros y los que no los tienen, entre los que solamente saben algo y los que lo llevan en la sangre». Pero también existían los catedráticos judíos que procuraban distanciarse. "



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