1948 (fragmento)Yoram Kaniuk

1948 (fragmento)

"Recuerdo que me volví apático. Esperaba la muerte para descansar un poco. Estaba cansado. Recordaba a los monjes del monasterio de Latrún, donde me llevaba mi padre cuando iba a leer con ellos La ciudad de Dios, un libro que le gustaba mucho. Ellos no hablaban y se pasaban todo el día susurrando memento mori, recuerda que morirás. Y ahora los proyectiles silbaban también mientras dormía, y recordaba que moriría. También en sueños. Intenté conocer a la muerte, pero ella se rio de mí y decidió pasarme por alto.
Llegamos a Jerusalén frente a ventanas cerradas de puro miedo, marchábamos cantando y la muerte que se me había escabullido nos aplaudía. Perdimos a nuestros mejores jóvenes. Hubo muchos muertos en la brigada y todos éramos niños, buenos y malos. Intenté aprender cosas de Yashka, por ejemplo, cómo luchaban los partisanos, pero sus explicaciones eran en ruso y no siempre las entendía. En varias ocasiones quisimos preguntarle detalles sobre su vida, de dónde era, si de verdad había sido partisano, cómo había llegado hasta aquí, ¿en un barco de ilegales? Pero estábamos ocupados y cansados y lo dejamos para más tarde. Queríamos agua. En vez de eso escuchábamos discos que cogíamos como botín en los pueblos árabes, tangos en árabe. Abdel Wahab, Layla Murad, que decían que era judía. Estaba bastante unido a Yashka y pensaba: mañana le preguntaré su apellido, pero no lo hice. Yo tenía casi dieciocho años. Él unos veinte. Una chica a la que encontré sobre la hierba en una granja dijo que era un hombre estupendo y que lo admiraba. Tal vez tuve celos o tal vez no. Y entonces una noche fue abatido. No era nada extraordinario. Normalmente se enterraba a los muchachos como él con el nombre de «Desconocido», que era menos adecuado que la expresión «Anónimo» que se escribía en las tumbas durante los incidentes de los años veinte y treinta. Anónimo: qué palabra tan fuerte. "



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