La España vacía (fragmento)Sergio del Molino

La España vacía (fragmento)

"Pero ni los cervantistas más finos y persistentes consiguen frenar a quienes, siguiendo el ejemplo de Heinrich Schliemann con las ruinas de Troya, están convencidos de encontrar en los pueblos de La Mancha pruebas arqueológicas y documentales de la verdad del Quijote. A los ojos de un lector medio que comprende los mecanismos de la ficción y de la literatura, todas estas doctrinas y proyectos pueden ser ingenuas o groseras. Nada espanta más a un buen lector que la literalidad. Es lógico que Cervantes, como cualquier otro escritor, se basara en sus conocimientos y experiencias para escribir su novela, pero no pintó al natural. Es posible que jamás pisara algunos de los escenarios del libro y que escribiese sobre ellos de oídas y de segundas, con la licencia que otorga siempre la literatura y que los buenos lectores conceden con gusto. Sin embargo, yerran los cervantistas oficiales al ridiculizar con demasiado énfasis estos empeños (a menudo, financiados por instituciones públicas y patronatos de turismo, deseosos de colocar en sus pueblos placas conmemorativas de episodios de la novela). No entienden que los habitantes de la España vacía necesitan una confirmación continua y actualizada de sus mitos. Los cervantistas se centran en el texto y obvian el contexto de un libro que trasciende con mucho los márgenes de la literatura y que hace tiempo que devino seña de identidad y razón de ser para una parte extensa de la meseta sur ibérica. Hay un sustrato religioso, en tanto que mito fundacional, que la filología moderna, como buena ciencia descreída, desprecia, pero que tiene mucha importancia en la configuración y la autoestima de unas sociedades frágiles que se perciben a sí mismas como insignificantes y marginadas. Francisco Rico, Martín de Riquer y toda la élite del cervantismo hacen muy bien su trabajo, pero me pregunto, con Azorín, si don Cándido merece que le den tantos disgustos. Así como los nietos ateos dejan a su abuela bendecir la mesa y rezar un poco en la cena de Nochebuena, aunque se burlen de ella a escondidas, quizá sería saludable y digno dejar que los manchegos crean que los molinos de Campo de Criptana son los que salen en la novela, que las gentes del Moncayo sigan estremeciéndose con leyendas de brujas y que los turolenses se emocionen con sus amantes. Es condescendiente, pero un poco de condescendencia es preferible a la altanería del nieto que le dice a la abuela que no pierda el tiempo rezando, porque Dios no existe. "


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