Huésped para una noche (fragmento)Samuel Yosef Agnon

Huésped para una noche (fragmento)

"¿En qué pensamos ahora? ¿Tal vez en Yerujam y en Raquel?
Yerujam y Raquel se fueron a descansar; no les importunemos con nuestros pensamientos. Así, pues, ¿pensaremos quizás en Rabbí Jayim, a quien entregué la llave de la sinagoga y que estará allí, pensando en su viaje de Szybuscz a la tierra en la que estuvo prisionero y en su regreso a Szybuscz? ¿O quizás en el propio Szybuscz, que escupe a sus hijos y luego vuelve a tragárselos? También Elimélek Kaiser tendrá que volver, para cerrar los ojos a su madre; pues cuando manos extrañas cierran los ojos a un muerto éste siente dolor, ya que las manos extrañas oprimen los ojos sin compasión. ¿O quizá no pensamos en nada, sino que volvemos al hotel y nos acostamos? Ya es medianoche. Lo dicen la luna, las constelaciones, los planetas y también mi reloj, claro. Cierto que el reloj se ha parado, pero mi corazón me dice que se paró en el momento en que lo saqué del bolsillo para ver qué hora era.
La luna ilumina el paisaje, las ruinas del castillo y las piedras esparcidas alrededor, que la nieve ha convertido en una especie de rebaño de corderos.
La luna cruza los cielos en silencio, iluminando mi sendero. Escucho el ruido de mis pasos y el rumor del manantial que brota de las montañas. Es el mismo que solía visitar con mi padre, que en Gloria esté, el sábado por la noche, para beber en él, pues a última hora del sábado la Fuente de Miriam vierte sus aguas en todos los manantiales de la Tierra, y aquel que sabe esperar el momento oportuno ve satisfechos muchos de sus deseos.
El manantial fluía como siempre y sus limpias aguas caían en una pila en la que las mujeres lavaban la ropa y, de allí, al helado Strypa. La luna brillaba en el cielo y la nieve que cubría las montañas parecía poner en ellas un inmenso rebaño de corderos; poco a poco, la nieve se fue borrando y en su lugar no se veían sino auténticos corderos, lo cual es asombroso, ya que no estamos en la tierra de Israel, donde los corderos pacen en las montañas durante el invierno.
Oí el tintineo de unos cascabeles y vi venir hacia mí a un hombre a caballo. Tuve un escalofrío y se me erizó el cabello, pues en este lugar un jinete que había venido a abrevar a su caballo resbaló al bajar al suelo y el hombre y la bestia se precipitaron al agua y se ahogaron. "



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