Cuaderno de Talamanca (fragmento)Emil Cioran

Cuaderno de Talamanca (fragmento)

"Durante toda la tarde he estado pensando en Keats en Roma. Por mucho que cambie de paisaje, no puedo cambiar de destino. Y, mala señal para mí, todavía no he conseguido resignarme al mío a pesar de todos mis esfuerzos en ese sentido, y de todas mis teorías al respecto. Me desasosiega y me exaspera, me arranca continuas lamentaciones, como si fuera posible tener otro o modificar sus circunstancias. Sufrir tranquilamente es un secreto que aspiro en vano a poseer y sin el cual los temperamentos como el mío están condenados al Infierno.
Cuando un filósofo habla del lenguaje, no lo leo: cuando es un escritor, tiro su libro. En Francia, puede decirse que todo hombre que escribe está fascinado y paralizado por este problema. No es lo que pensáis sobre el lenguaje lo que me interesa, sino el uso que hacéis de él, vuestro lenguaje propio —el instrumento y no la reflexión sobre el instrumento.
No hay angustia sin razón, quiero decir que la crisis que estáis atravesando ahora, de la que no veis los motivos, es la consecuencia de estados muy determinados que hubieran justificado la angustia en aquel momento, pero que, extrañamente, no la provocaron; más tarde se provoca a sí misma y os desconcierta porque no llegáis a comprender su origen.
(Todo esto es verdad y no es verdad.)
No he conocido nunca ningún goce que no haya tenido que expiar de una manera u otra.
(He expiado todo goce, he pagado por todo placer. Estoy en paz con la Suerte, he ajustado todas mis cuentas con Dios.)
Por mucho que cambie de lugar —por mucho que cambiara el mundo—, me vuelvo a encontrar siempre conmigo mismo, con el mismo yo.
Escuchar el viento dispensa de la poesía, es poesía.
Si se quiere comprender todo, hay que comprender también al verdugo. E incluso perdonarle. La indignación —no cabe duda— es un estado no-filosófico.
Es en los paisajes demasiado hermosos en los que uno siente con más fuerza toda su podredumbre y lamenta el cadáver que arrastra consigo.
11 de agosto. Insomnio implacable. He salido a las 3 a pasear. Este clima decididamente no es para mí; los baños de mar me enervan. Esta isla, que he amado tanto, no es mi «tipo».
Esta noche, para consolarme por no poder dormir, me he dicho que si el sueño me hubiera sido concedido como a los demás, no podría estar contemplando estos árboles contra el cielo con las olas al fondo, ni percibir de una manera tan aguda el sentimiento de mi disparidad con los demás seres, de mi soledad total en medio de ellos.
He pensado también que mi drama provenía de mi aspiración a vivir como todo el mundo y de mi incapacidad, de mi imposibilidad más bien de conseguirlo. Cuando se tienen los nervios, el estómago, el hígado jodidos, y fácilmente podría alargar la lista, uno no sale de su agujero donde se encuentra a salvo del sol, del viento, del mar, cosas todas funestas si quiero gozar de ellas. Y eso es desgraciadamente lo que he intentado hacer, con mi incorregible empecinamiento.
Mi primer pensamiento al saltar de la cama en mitad de la noche fue ir a arrojarme al mar desde lo alto del acantilado. —Pero la noche era perfecta y sin tacha; sencillamente la noche me ha colmado.
Ibiza me da tan poco resultado como Valdemosa a Chopin. "



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