El final de una pasión (fragmento)Ana María Navales

El final de una pasión (fragmento)

"Yo creo que mis depresiones tienen su origen en la lucha callada de todos mis egos y se inician cuando una fuerza oculta derriba la puerta de mi infierno, que estalla como un volcán, extendiendo su lava a mi alrededor. Después, todo se convierte en masa viscosa, en ceniza fría, hasta que el sol vuelve a calentar mis huesos y empiezo a ser otra vez un ser vivo. Hasta que eso ocurre hay que soportar dolores de cabeza, sequedad en la garganta, confusión del pensamiento… y el largo reposo en el dormitorio a oscuras, esa sobrealimentación que me aterra, engordar hasta que no reconozca mi cuerpo, sedantes, largos baños calientes… y ni siquiera el gozo de leer un buen libro. Negrura y más negrura.
Dime que esto no es sino una honda tristeza pasajera, provocada por el miedo a morir. Una rebelión de los fantasmas interiores que no son sino recuerdos dormidos que despiertan en el momento más inesperado, revividos por algún detalle mínimo que aflora de nuevo, el olor dulzón de alguna planta aromática que ahora me trae el jardín de Talland House, en St. Ives, hasta la ventana de mi estudio. Y el sonido del mar con las olas acercándose a la arena de la playa, regresando después al océano, al ritmo que su propia música provoca, perdiéndose en el abismo poblado de sirenas y monstruos marinos.
Pero yo he visto otros fantasmas, no siempre de noche, a veces en la calle a la luz del día, o en un sendero abierto entre brezos, en mis paseos por las colinas. Fantasmas que han entrado en mi cuarto para mantener conmigo secretas conversaciones. El más próximo y el más querido es el espíritu de nuestra madre, que todavía conserva su belleza y habla de una manera que no infunde terror. Pero ha habido otros fantasmas cuyas voces, en un lenguaje incomprensible, se entrecruzaban en mi cerebro formando un griterío que estallaba en mi cabeza.
No temas por tu querida Ginia, aunque en estas cuartillas haya tanta desolación. La Cabra hace ya mucho tiempo que no oye a los espíritus, las voces están ahora en silencio. Madre me ha dicho en el pasado, al pie de mi cama –¿desde dónde vendrá su espectro?–, que tú, Nessa, la hermana fuerte y sensual, si no vas a sobrevivirnos a todos, que danzamos como mariposas alrededor de tu luz, sí vas a tener una larga vida, mucho más que la mía, para que puedas aún pintar todos los paisajes de Sussex con los colores de tu mirada.
Ya ves, no puedo escribir ni una sola línea de Pointz Hall, nada de literatura seria y profunda, y, en cambio, dejo correr la pluma para compartir contigo mi angustia.
El hecho de escribir, me refiero a la literatura, a crear vida con las palabras, si dejas aparte la pasión que te arrastra a ello, o sea, si lo contemplas con frialdad, no conduce más que a un sufrimiento continuo. Es un trabajo sin fin: te sientas a la mesa de tu estudio, estrujas tu cerebro, retuerces tu corazón, y el resultado, después de una lucha diaria durante meses, es un libro que no sabes si va a parar al silencio y la indiferencia. Algunos desprecian a los que escriben porque dicen que los autores siempre dan al público las obras inacabadas. ¿Qué esperan? ¿La respuesta a todos los problemas, a todos los enigmas? Sí, no resolvemos nada con los libros, pero ignoran que lo que importa son las preguntas y no las respuestas. Los escritores somos seres humanos, lo que también parecen olvidar algunos críticos que creen saberlo todo. Cómo los odio cuando se revisten de dioses y se echan sobre un libro como tigres dispuestos a despedazarlo: la señora Woolf es demasiado lírica, la señora Woolf escribe novelas que carecen de acción, la señora Woolf…
Sé que tenía que contestar a algunas cosas que te preocupaban, que acaso he sido un poco cruel en mi última carta y que el egoísmo, sólo te hablo de mí, se ha apoderado de estas cuartillas que tal vez no debería enviarte. Pero ya sabes que mi ánimo sube y baja sin control, que me muero de angustia y resucito a la mañana siguiente. Si me he desviado del camino que nos proponíamos seguir en esta correspondencia, tú, mi querida Vanessa, eres lo bastante fuerte para retomarlo. "



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