La época de Constantino el Grande (fragmento)Jacob Burckhardt

La época de Constantino el Grande (fragmento)

"Cuando en tiempos de Constantino se registraron algunos templos, recogiéndose el oro y la plata de las imágenes para su fundición, muchos paganos se asombraron de que en el corazón del templo y dentro de las imágenes mismas no se encontrara ningún demonio, ningún ser vaticinador ni siquiera un vaporoso fantasma de poco más o menos. Se llegó a separar la forma artística, bellamente humana, del dios, de su naturaleza de demonio. Mención especial merece el culto de Aquiles en esta forma demoníaca, que prosperó tanto en el siglo tercero. Se aparece a los habitantes de la llanura de Troya no ya como el ideal de la belleza heroica sino con una forma espantosa, lo cual es muy significativo.
De todo lo dicho se desprende también lo que ocurre con el monoteísmo de la paganía tardía. Cierto que había todavía almas puras y pensadores agudos que, siguiendo la inspiración de tiempos mejores, mantuvieron la idea de la unidad de Dios. Pero, en la mayoría, esta conciencia se halla enturbiada por los ingredientes demoníacos. Por ejemplo, no admiraremos bastante el paganismo de un Amiano Marcelino, que es uno de los mejores entre los del siglo cuarto y que vio el juego de los conjuradores filósofos de la corte de su héroe Juliano; pero ¡cuán limitado era su monoteísmo! Cada uno de los dioses se convierte, si no directamente en demonio, en una cualidad de un carácter casi personal: Némesis es un derecho sublime de la divinidad actuante, pero se llama también hija de Justicia; Temis es la ley eterna, pero tiene que presidir los auspicios en forma personal; Mercurio se llama mundi velocior sensus, es decir, algo así como el principio del movimiento del universo; finalmente, es Fortuna quien dispone de los destinos humanos. La divinidad suprema tiene que renunciar, entre estos paganos de la última época, a su primera cualidad, es decir, la personalidad, en favor de los dioses inferiores y de los demonios, a los que se dedica el culto casi con exclusividad. Acaso mantiene el mayor grado de personalidad entre los adoradores del sol, que reconducen todos los dioses al Sol y consideran a este último como un principio físico y espiritual de toda la existencia. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com