Cristo de nuevo crucificado (fragmento)Nikos Kazantzakis

Cristo de nuevo crucificado (fragmento)

"Lenio, luego de levantarse, había preparado una tisana muy fuerte de ron y se dirigía ya, escaleras arriba, a llevársela a su patrón, el viejo Patriarqueas. Llenita de carnes, cabellos enmarañados, subía los escalones pavoneándose como una gallina.
El viejo arconte, sentado sobre un muelle colchón, miraba hacia abajo por la ventana los tejados de la aldea. Su imaginación pasaba revista a todos los aldeanos, llamaba a todas las puertas, entraba, les decía unas palabritas amables y se iba a otra casa. Escalaba la montaña, pasaba rápidamente por entre los corderos, llegaba hasta Manolios y se enfurecía. ¡Habrase visto este asqueroso criadillo, hacerme frente! Su alma… su alma, según dice, no está preparada… ¡Eh, desgraciado, si hasta fines de abril no te casas con Lenio, te pongo de patitas en la calle, y te embalo de nuevo al monasterio como un castrado! ¡Pisoteas el pan que te doy, sinvergüenza! Tú eres el que ha trastornado a mi hijo, sí, eres tú, pobrete, quien se compadece de los miserables, porque son también seres humanos, según dices, ¡son también hermanos nuestros! Todo eso está muy bien para ser dicho y oído en la iglesia, cuando el pope habla los domingos desde el púlpito. Pero, brutote y medio, preciso es que seas cerrado del todo para querer poner en práctica todo eso.
Se abrió la puerta y entró Lenio con la tisana. Los pensamientos del viejo Patriarqueas saltaron inmediatamente de su hijo y del pastor, para detenerse en la hija complaciente, incitante, que le traía la infusión pavoneándose. Entornó los párpados y la miró acercarse, admirando aquellos senos insolentes, la cintura bien ajustada, los músculos fuertes. ¿Qué quieres que haga, intangible hembra para mí, puesto que —así pensaba—, yo creo que eres mi hija…? Tu madre también era como tú bulliciosa cuando joven, ¡Dios la tenga en su gloria! y una noche sucedió… El arconte se acarició el bigote y suspiró. "



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