Los piratas del Golfo (fragmento)Vicente Riva Palacio

Los piratas del Golfo (fragmento)

"El viento siguió favorable y la «Venus» parecía volar.
En la pequeña isla de Navaza habían fondeado los buques de los piratas, para hacer con más comodidad la división del botín adquirido en la última expedición.
La buena fe entre aquellos hombres era admirable. Ninguno hubiera sido capaz de esconder ni una moneda de cobre; todo iba al fondo común, y todo se repartía según las estipulaciones de las escrituras.
Pero la empresa no había producido grandes resultados; aquel primer golpe no dio más que veinticinco mil pesos, cantidad miserable para hombres ávidos de riquezas y que creían encontrar montes de oro a sus primeros pasos. Aquella suma no alcanzaba ni para pagar las deudas contraídas en Jamaica, y de las que había hablado Brazo-de-acero a Juan Darién.
Además, había allí una cosa muy grave; los franceses querían dejar a Morgan, y por más instancias y promesas de éste, no querían seguir en su compañía. Los ingleses comenzaron entonces a desmayar. Morgan estaba desesperado.
El número de sus soldados y de sus embarcaciones había disminuido hasta ser casi la mitad de los que tenía, y en cuanto a la decisión de sus pocas tropas, no estaba tampoco muy satisfecho.
Sentóse en una roca a meditar; el porvenir era luminoso, su esfuerzo era grande, y sin embargo, nada podía hacer; no había allí un solo hombre que lo comprendiese. Entonces pensó en su joven amigo, en Antonio Brazo-de-acero.
¿Qué sería de él? Quizá había perecido a manos de los soldados españoles. Sumido en estas profundas meditaciones, le encontró un oficial que traía la noticia de que se divisaba una vela. Morgan se levantó violentamente.
La embarcación avanzaba con rapidez. "



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