No hay amor en la muerte (fragmento)Gustavo Martín Garzo

No hay amor en la muerte (fragmento)

"¿También yo vagaría por el bosque sin pensamiento, sin tener adónde ir? La luna se reflejaba en el agua y las estrellas brillaban como farolillos. De vez en cuando saltaba un pez. No sabía qué hacía en el mundo, una mota de polvo que el viento traslada de un lado a otro. ¿Sabe de dónde viene? Pensaba en mi padre y sabía que la paz nunca volvería a mi corazón. Una parte de mí lloraba por todo lo que había perdido irremisiblemente en aquel altar, pero otra parte de mi ser ansiaba regresar a él y revolcarse en la degradación. Una y otra vez revivía la escena, veía a mi padre con los pelos y las barbas alborotadas, como llamas que brotaran de su cabeza, mientras volvía sus ojos hacia las sombras blandiendo el cuchillo para matarme. ¿Qué le había detenido? Mi padre me cubría el rostro con la mano y no pude ver qué pasó, pero sentí la llegada de algo más poderoso que nosotros. Desprendía un calor inmenso, como si llevara en sus manos una bola de fuego. Sentí su respiración tenebrosa y una extraña presión en el pecho. Un gozo indescriptible se apoderó entonces de mí, como si en el corazón de la muerte un pueblo alegre encendiera despreocupado sus hogueras. Por un momento perdí la conciencia, soñé con muchachas que gemían en brazos de sus amantes, como si seres celestes hicieran con sus cuerpos experimentos semejantes a los que hacen los hechiceros con los muertos. Al recuperar la conciencia lo primero que vi fue a mi padre de rodillas rezando. ¿Qué ha pasado?, le pregunté. ¿Quién ha estado aquí? Pensé en trampas llenas de ratones, oía los chillidos de los pobres animales atrapados y me levantaba a liberarlos. Sobre la hierba había caído el rocío y una bruma blanca surgía de las copas de los árboles. Me acordé de un himno que Agar solía cantarnos a Ismael y a mí. Hablaba de un huerto de manzanos, de un novio enamorado y de una novia llena de joyas, y describía caricias que en opinión de mi madre eran impropias de un canto sagrado. Aquel canto tenía que ver con la criatura que había detenido la mano de mi padre. No se puede separar la vida de la muerte, dijo mi padre con una expresión de derrota. Se comportaba como el sabio de una leyenda que había oído contar a un pastor, que durmió durante sesenta años y al despertar encontró el mundo tan cambiado que rezaba pidiendo la muerte. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com