La habitación de Nona (fragmento)Cristina Fernández Cubas

La habitación de Nona (fragmento)

"Una de nosotras, de pequeña, descubrió la posibilidad de mirar sin ver. Fue en un pueblo de montaña, el día de verano en que, jugando con niños de nuestra edad, encontramos un gato muerto. Ninguna de las tres había visto nunca un gato muerto. Y menos aún un gato enorme como aquel, en el centro de un charco de sangre, con los ojos abiertos e inmóviles como los de un muñeco... Pero la visión no duró más que unos segundos. Enseguida alguien dio la voz de alarma, empezaron las carreras y los gritos, y del nutrido grupo de verano, junto al círculo rojo, quedaron únicamente los más atrevidos. El mayor de la pandilla y una de nosotras.
Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, todavía no tenemos claro quién de las tres dio con la fórmula de mirar sin ver. Todas creemos recordarlo a pies juntillas. Los ojos fijos en los restos del animal desangrado, y la mente perdida a leguas y leguas de distancia. Pero lo cierto es que aquella pequeña habilidad dejó pronto de ser privativa de una sola de nosotras y pasó a convertirse en arte familiar. Lo extendimos casi enseguida a situaciones cotidianas desprovistas de cualquier dramatismo. Lo practicamos en el colegio, en clases especialmente tediosas, pendientes en apariencia de mapas y pizarras, de explicaciones o reprimendas. Nadie jamás detectó la menor ausencia, ni nada en el rostro delataba el engaño. Lo hacíamos la mar de bien. Estábamos allí, pero no estábamos. Y nos sentíamos orgullosas. Igual que en estos momentos. Al recordarlo.
Porque lo acabamos de recordar. Así, de repente, hace un instante. Y todo parece indicar que vamos a tener tiempo de sobra para volver sobre el gato muerto, detenernos en cualquier otro momento del pasado, hacer un recuento de recuerdos o incluso escribir un libro. La funcionaria que nos ha atendido ha anotado nuestros nombres, los ha cotejado con su lista, nos ha mirado fijamente (tal vez también ella miraba sin ver) y ha preguntado: «¿Hermanas?». La pregunta no es tan estúpida como podría parecer. En sus papeles obran nuestros nombres de pila y los mismos apellidos, pero lo que la buena mujer estaba pensando era en realidad: «¿Trillizas?». Resulta curioso. De pequeñas no nos parecíamos demasiado. Ahora en cambio la gente puede llegar a dudar o a confundirnos. Como la misma funcionaria antes de leer las fechas de nacimiento. El caso es que hemos contestado: «Hermanas», y ella nos ha conducido a esta sala inhóspita. "



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