La soledad era esto (fragmento)Juan José Millás

La soledad era esto (fragmento)

"En los días siguientes Elena pareció perder el miedo a la butaca. Tomaba en ella el primer café de la mañana, bajo el tictac y las campanadas del reloj, que medían el ritmo bajo cuya ley temporal se desarrollaba una oscura cadena de significados de duración y objetivo imprevisibles. Una trama que concernía a su existencia parecía organizarse a sus espaldas. Aunque no exactamente a sus espaldas, sino en el lado más oscuro de su vida.
En aquella butaca leyó también el tercero de los informes encargado a la agencia de detectives. Decía así:
La vida de Enrique Acosta Campos podría merecer tres líneas o cien folios, depende del lugar en el que uno se coloque para contarla, de lo que paguen por ese relato y del valor simbólico que le atribuyamos. Este investigador, por razones de inclinación personal y del tipo de trabajos que ha realizado hasta el momento, tiende a situarse en sus pesquisas en el lugar más silencioso del tinglado, en un espacio mudo, por decirlo así. A ese lugar las actitudes y las voces llegan con una claridad insospechada; es esa claridad la que permite hacer informes objetivos, limpios de la confusión que producen los afectos.
Digo esto porque la desconcertante petición de mi cliente, que me exige ser subjetivo y, por tanto, apasionado, me sitúa frente a mis propios intereses de orden, digamos, intelectual. Quizá el término intelectual pueda parecer excesivo para el tipo de cultura que normalmente se atribuye a quienes realizamos esta clase de trabajo. Pero en mi caso es así y no voy a mentir en aras de una objetividad que no me pagan. Soy un criminalista fracasado, pero un criminalista al fin. He realizado numerosos estudios relacionados con esta materia y tengo algunos escritos que quizá algún día alcancen la gloria de la imprenta, el honor de la letra impresa. Otros con menos merecimientos lo han logrado.
Pues bien, esa contradicción, en principio profesionalmente dolorosa, pero inevitable, puesto que tengo que ganarme la vida, ha iluminado un poco mi existencia, pues me ha colocado frente a un hombre, Enrique Acosta, que en muchas cosas es mi negativo, mi contrario.
Yo podría decir que este sujeto, objeto de la investigación en curso, pertenece a una familia de la clase media de aquellas que alcanzaron cierto nivel económico en los sesenta. Podría añadir que estudió Derecho, en cuya Facultad conoció a la que hoy es su esposa, Elena Rincón, y que participó activamente en los movimientos estudiantiles de la época llegando a militar en un partido de izquierdas hoy desaparecido o deglutido, quizá, por los partidos que en la actualidad ocupan el poder o su periferia.
Podría seguir en ese tono, averiguar datos, fechas, nombres y levantar una biografía coherente o no, pero avalada por certificados o situaciones concretas, reseñables, que darían cuerpo y garantía a este informe. Podría añadir incluso que quizá fuimos compañeros, porque tenemos la misma edad, aunque aparento más, y también yo estudié Derecho en aquellos años, aunque he de reconocer que iba algo retrasado, pues inicié el bachillerato en una edad tardía y tuve que alternar mis estudios con diversos trabajos que no me dejaron mucho tiempo para las relaciones personales. "



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