Según venga el juego (fragmento)Joan Didion

Según venga el juego (fragmento)

"La mirada de Kate pasó veloz de Maria a Les y a Felicia y de vuelta a Maria, y entonces, en sobrenatural sintonía con la amenaza de unas voces que ni siquiera se habían alzado, empezó a gritar. Entre disculpas de la madre, gritos de la niña, el suelo reluciente cubierto de añicos de espejo y cerámica de color carne, abandonaron la cena de Navidad. Toda esa noche la pasaron abrazándose las dos con callada ferocidad protectora pero al día siguiente en el hospital, al despedirse, solo Maria lloró.
En enero había plantas de Navidad delante de todos los bungalows entre Melrose y Sunset, y llegó la lluvia, y Maria ya no llevaba sandalias sino zapatos de verdad y un suéter de lana Shetland que había comprado en Nueva York el año que cumplió diecinueve. Durante días de lluvia incesante no pronunció palabra ni leyó un periódico.
No podía leer la prensa porque determinadas historias la asaltaban desde la página: los niños de cuatro años en el congelador abandonado, la merienda con detergente Purex, el bebé en el camino de entrada del coche, la serpiente de cascabel en el parque, el peligro, el peligro inefable, de la cotidianidad. Desfallecía mientras la procesión desfilaba ante ella, los niños vivos la última vez que los regañaron y muertos cuando volvían a verlos, los niños encerrados en el coche ardiendo, las caritas, los gritos indefensos. Según la prensa las madres siempre estaban sedadas. En el mundo entero no había suficiente sedación para tanto peligro instantáneo. Maria comía enchiladas congeladas, miraba la televisión para saber lo que pasaba en el mundo, se consideraba bajo los efectos de los sedantes y no salía del apartamento de Fountain Avenue. "



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