Imágenes simbólicas (fragmento)Ernst Gombrich

Imágenes simbólicas (fragmento)

"Las colinas romanas, y en particular el Vaticano, parecían un enjambre de brutos, algunos de una especie desconocida de los grandes zoólogos del pasado e inconmensurablemente feroz. Hallándose en medio de todos estos brutos en el jardín de Venus y Cupido (venereo cupidineoque nemori), compuso el poema sobre la expulsión de estos dioses no del jardín, que a esto no alcanzaba su poder, sino de las mentes de los animales. Pues los brutos fueron antaño hombres, y se les podía restituir a la condición humana, como le pasó a Lucio en El asno de oro de Apuleyo al comer las rosas. No es de extrañar, ciertamente, que hubiera tanto, pues por doquier había Circes y Sirenas a millares.
El poema que acompaña la carta ha caído en un merecido olvido. Es poco más que una imitación de los temas convencionales del amor platónico y de los remedia amoris conocidos de Lucrecio y Ovidio, culminando en una devota exhortación a la castidad cristiana. Es tan solo la carta a Gyraldus —omitida en la edición de Estrasburgo del mismo poema— la que le da interés. Pues demuestra que esa Venus del Vaticano le parecía a Pico una presencia siniestra. Tal vez debamos desechar esta interpretación como una mera expresión de un prejuicio savonaroliano. Pero ¿no cabe también dentro de lo posible que los ojos del filósofo, sensibilizados como estaban por la hostilidad crítica, vieran las cosas con mayor penetración? ¿Hay que excluir la posibilidad de que Bramante estuviera verdaderamente tratando de construir una especie de jardín pagano tras la estructura del imponente Belvedere, espoleado quizás por la equívoca religiosidad de la Hypnerotomachia con sus palabras sobre la Sancta I´enere (Sancta i Venere) (Santidad de lo venéreo)?
Quizás no quepa dar una respuesta inequívoca a esta pregunta. Hoy en día ya no empleamos el término «paganismo renacentista» con buena conciencia, pues nos hemos dado cuenta de lo inmensamente complejo y delicado que es todo este asunto. En el Londres del siglo XX todo el mundo encontraría normal que un Pico moderno escribiera un poema sobre la Expulsión de Eros de Picadilly. ¿Y por esto iban a ser paganos los londinenses? Las escenas de alegría de cuando Eros fue repuesto en su lugar una vez finalizada la guerra parecerían hablar en favor de una respuesta, una encuesta en favor de otra. Eros se ha convertido en un símbolo —un punto focal de sentimientos que de no existir no hubieran acabado de articularse. Tal vez la solución del problema se sitúe en una dirección similar. Hay numerosos documentos que atestiguan que en el ambiente de Bramante la figura de Venus se había convertido en uno de tales símbolos, un núcleo de cristalización no ciertamente de una fe, sino de una gozosa suspensión de la incredulidad. Demuestran que el interés que los miembros de este círculo podían tomarse por una estatua de Venus no era puramente arqueológico. En este sentido las connotaciones de la descripción de Pico se ven confirmadas con la famosa carta escrita por Bembo al cardenal Bibbiena con conocimiento de Rafael, el sucesor de Bramante. "



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