La presa (fragmento)Irene Nemirovsky

La presa (fragmento)

"Era sincero, y no sólo de palabra. No podía negarse que las cuatro habitaciones en las que vivía estaban decoradas con sencillez, y parecía sentirse a gusto en ellas. En cuanto podía, se iba del ministerio y volvía a casa, aseguraba. ¿Qué cebo había usado Abel Sarlat para conseguir mezclarlo en aquellas especulaciones financieras que tan mal habían acabado, que tan mal suelen acabar? Pero tal vez no hubiera habido ningún cebo... Simplemente, la ligereza del político, del hombre importante, mimado por el éxito... Pero Langon era cualquier cosa menos tonto. De vez en cuando, la agudeza de un comentario malicioso ponía de manifiesto su conocimiento del ser humano y su profundo realismo. Sin embargo, parecía no ver esas cualidades en sí mismo, no valorarlas, conceder más importancia a lo que él llamaba «mi sensibilidad», los valores espirituales. Aquel Langon, con su cara pálida y un poco abotagada de meridional cebado por las penas, tenía un lado patético. "


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