Almohada de hierba (fragmento)Soseki Natsume

Almohada de hierba (fragmento)

"Es de noche y estoy sentado frente al escritorio. Las puertas están abiertas de par en par. El balneario es relativamente grande para la poca clientela que lo frecuenta. Intrincados pasillos separan mi habitación del lugar donde residen las pocas personas que habitan esta casa, el único foco de humanidad existente aquí. No ha habido hasta ahora ningún sonido que interrumpa mis reflexiones. Y hoy todo está especialmente silencioso. El propietario, su hija y el resto de sirvientes de la casa parecen haber abandonado el lugar dejándome solo. Quizá no hayan ido a un lugar cualquiera. Quizá han partido al reino de la niebla o de las nubes. O quizá han partido a un reino donde el agua colinda con las nubes, y el barco blanco en que navegan flota a la deriva en un mar calmo, de modo que nadie ha de enderezar el timón. En su travesía, el barco se va camuflando entre el agua y las nubes hasta que al final se confunde entre ellas… puede que las personas de la casa hayan ido a parar a ese distante paraje. Si no, puede que se hayan desvanecido de repente en la propia primavera. Puede que lo que hasta ese momento eran sus cuerpos se hayan convertido en un aura invisible que deambula entre el cielo y la tierra y cuyos minúsculos vestigios no puede detectar ni la lente de un potente microscopio. O puede que se hayan transformado en alondras y que, después de dedicar un canto al color de las canolas, hayan levantado el vuelo en busca del violeta de la noche. O, tal vez, han prolongado el ya de por sí largo día faenando como los tábanos, sorbiendo el dulce rocío que pende de los pistilos de las flores para tenderse más tarde bajo las camelias y dormirse aspirando el aroma del mundo. En cualquier caso, todo está muy tranquilo.
La brisa de primavera que inunda el vacío de esta casa no ha venido para deleite de los que celebran su llegada. Ni viene por aquellos que la desprecian y tratan de entorpecer su paso. Esta brisa no es más que el espíritu imparcial del universo, un espíritu que puede ir y venir cómo y cuando le plazca. Apoyando la barbilla sobre las palmas de las manos, pienso consternado que si mi corazón estuviera tan vacío como esta habitación, la brisa de la primavera también penetraría en él sin llamar a sus puertas.
Las personas somos conscientes de los peligros que entraña la tierra y por eso la pisamos con precaución. Sabemos que es cielo lo que hay sobre nuestras cabezas y por eso podemos temer a los rayos. Este mundo transitorio obliga a los hombres a luchar entre ellos, así que, inevitablemente, los hombres sufren. Vivir en este universo equivale a caminar sobre la cuerda floja de nuestros propios intereses. En este universo, el amor verdadero es el enemigo, y las riquezas que perciben nuestros ojos no son más que barro. La fama a la que nos aferramos, la gloria de la que a veces nos apoderamos a la fuerza, es como una miel dulce preparada por una afanosa abeja que ha dejado caer su aguijón en ella. En lo que nosotros llamamos gozo, siempre habrá una parte de nosotros mismos, un añadido. Y, en consecuencia, en el gozo hay dolor. "



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