La sonata mágica (fragmento)José Vasconcelos

La sonata mágica (fragmento)

"Resulta, sin embargo, difícil conducir el avatar. No siempre acierto en el dominio de la algarada pavorosa, encrespamiento de ambiciones reprimidas desde hace millares de años. Una marejada de anhelos emerge sin término del seno profundo, se derrama y devasta irreprimible. Si por un instante perdiese el control de los ritmos, si me faltare el don de encauzarlos, me arrastrarían, me harían pedazos en el torbellino deshecho. Afortunadamente he logrado apoderarme del secreto mágico que rige el conjunto. Si me fallase esa suerte de freno, si perdiese el pedal y las ondas sonoras se esparcieran rebeldes a la impulsión que les doy hacia lo alto, estoy seguro de que se produciría una catástrofe. El leitmotiv de mi composición es un ritmo que sacude el mundo, y gracias a mi fiat la misma tragedia del scherzo se resuelve sin peligro, se convierte en triunfo de alegría perfecta.
Si atendéis a mi scherzo palparéis allí la operación de un ritmo que tuerce las alas de murciélago de los endriagos, las transfigura y las convierte en aspas y claridad de arcángel. La multitud de seres que se agitará bajo las teclas de mi piano, sale de los bajos fondos, envuelta en giros de danza victoriosa, acrecentada y exaltada en espasmos de dicha.
No hay absurdo en pensar —asintió el filósofo— que si dispusiésemos de una clave para usar el poder del sonido, en seguida lograríamos apresurar muchos procesos cósmicos. La luz obra exteriormente, y, por ejemplo, es capaz de acelerar el crecimiento de las plantas, pero no las modifica el sentido interno del desarrollo. Sólo el sonido podría realizar el cambio molecular indispensable para hacer de un tallo de hierbas un lirio. Porque el sonido determina el sentido del movimiento y podría transformarlo. El juego de discos luminosos, que fue la faena divina de los primeros días de la creación, produjo dispersiones que sólo el sonido es capaz de reintegrar. El poder del Verbo está en su sonoro comando, no en la luz que se fragmenta en imágenes, sino en el ritmo que hace y deshace contornos.
Los magos, imitadores fallidos del poder celestial, jamás descubren la palabra eficaz, ni les alcanzaría el pulmón para enunciarla; sin embargo, aciertan cuando piensan que, en una serie de sésamos, está contenido el secreto que mueve los mundos. "



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