El reloj de piedra (fragmento)György Konrad

El reloj de piedra (fragmento)

"El condenado a muerte, la víctima, participa de forma seria y solemne de la ceremonia de la muerte. No se la toma a broma. El amor propio le exige respetarla. ¿En qué se distingue la subida al patíbulo de otros movimientos rutinarios, como levantarse, cuadrarse o juntar las manos a la espalda? Si uno se acostumbra a las formalidades de la cárcel, al ritual del cautiverio, si uno obedece órdenes sin sentido y somete su voluntad de manera natural a los carceleros, si habla sólo cuando le preguntan y guarda silencio cuando no le hablan, si considera cierto y verdadero y digno de atención tan sólo lo que los guardias esperan y aprueban, si por el bien de su ansiada supervivencia se atiene a todas y cada una de las reglas carcelarias, sean relativas al tabaco o a la orina, entonces su participación en su propia ejecución no es más que prolongar los automatismos del prisionero que hasta entonces lo han mantenido vivo. Si no se ha rebelado antes, tampoco lo hará ante el pelotón de fusilamiento. Si es esto lo que queréis, nuestras vidas, aquí las tenéis. Apuremos el trago cuanto antes. Si éste es el final del papel de prisionero, vamos, interpretémoslo hasta el último acto.
Dragomán asociaba esta distribución de los papeles propia de un universo concentracionario con los sistemas represivos y las relaciones personales características de la opresión. Quienquiera que esté abajo obedece, ejecuta, compra favores a cambio de obediencia, benevolencia a cambio de halagos. Quiere gustar a sus superiores, se muestra como un subordinado leal y entusiasta y seguirá siéndolo mientras la propaganda del Estado continúe inamovible, mientras el torrente de palabras centralizado condene todo cuanto se aparte de las normas.
No obstante, cuando la voz de la autoridad flaquea, cuando el ciudadano se ve obligado a pensar por sí mismo, cuando los listos situados en lo alto no cumplen con su papel y no piensan eficazmente en lugar del pueblo, cuando los subordinados no reciben órdenes claras, entonces se produce la confusión, empieza la disolución y se acerca la revolución. En esos momentos, el ciudadano se sume en profundas reflexiones, comienza a perder el respeto a las ceremonias de auto anulación y se dispone a reunirse con sus conciudadanos en la plaza principal y depositar su lealtad en una nueva autoridad. "



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