El dinero de Hitler (fragmento)Radka Denemarková

El dinero de Hitler (fragmento)

"Oujezdský llega a Praga con la botella de oporto vacía junto a él. Ha pringado el volante y su camiseta. Tiene los dedos pegajosos. El olor pesado del vino y el sudor se mezclan sobre su cabeza.
Durante su paseo vespertino por la isla de Zofín, se sienta con una segunda botella de vino a la orilla del río. Bebe, arroja la colilla del cigarrillo al agua y finalmente saca de la mochila unas bolsitas de papel. Las tira al río, a esa masa de agua que se lanza hacia adelante juguetonamente, fastidiándole. Una bandada de patos que esperan un desmigado bollo de pan seco se agita. Los patos se sumergen en una furia devoradora. Picotean los paquetitos blancos, luego, decepcionados cambian de dirección. El papel se moja y deja salir las lentejas, que se extienden y flotan sobre la superficie.
Durante mucho tiempo sus redondeadas barrigas tomarán el sol entre parejas de enamorados que reman en las barcas y familias montadas en patines chirriantes.
Stola se frota confuso su larga nariz. Se pasa el dedo sobre los poros negros, llenos de grasa.
Con una navaja sin afilar con el dibujo de un ciervo, la navaja que solía llevar consigo mi hermano mayor Adolf cuando de pequeños nos escapábamos al bosque, la navaja con la que arrancaba setas de entre el musgo y grababa dibujos en la corteza de los pinos y los abedules, precisamente con esa navaja le haría un corte a Stola bajo la nariz. Después le abriría dos rajas perpendiculares. Cortaría una banda rectangular más ancha. Y le arrancaría la piel. Cortar, limar los huesecillos de la nariz, deshuesar ese apéndice olfateador en el centro de la cara. Dejar secar al sol la piel arrancada. Y con tinta negra adornarlo con las letras G, I, T y A. Por todas partes. Pintar ese motivo y ponerlo como pantalla de una lamparita diminuta. Bajo cuya luz el llanto deformaría mi rostro todas las noches. Los huesos con restos de carne los echaría en agua hirviendo. Para hacer un reconstituyente caldo de carne. Lo principal es resistir, no desmoronarse, no gritar. "



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