Los siete contra Tebas (fragmento) Esquilo

Los siete contra Tebas (fragmento)

"CORO. Lanzo ingente y terrible griterío. Se ha soltado la hueste. Dejando el campamento, corre hacia aquí una enorme vanguardia de jinetes. Una nube de polvo me convence que se eleva hasta el cielo, mudo, claro, seguro mensajero. El fragor de las armas los llanos de mi tierra está atronando; se acerca, vuela y ruge a la manera de un torrente impetuoso que cae desde el monte. ¡Io, io, dioses y diosas! apartad esa peste que me asalta. ¡Un grito en las murallas! Con sus blancos escudos, bien dispuesta, sobre nuestra ciudad avanza la hueste. ¿Qué dios o diosa va a salvarme? ¿Cuál me dará protección? ¿Debo postrarme quizá ante las estatuas de los dioses?
¡Io, io, felices, de seguro asiento, ha llegado la hora de abrazar las estatuas! Mas, ¿por qué esa tardanza entre gemidos? ¿Oís o no el fragor de los escudos? ¿Cuándo, si no es ahora, vamos a revestirnos con vestes y coronas suplicantes? Percibo ya el estrépito. No es el fragor de pica sólita ¿Qué vas a hacer? ¿A traicionar, acaso, Ares, antiguo dios de estas regiones, a esta tierra que es tuya? ¡Oh dios del casco de oro, vuelve tus ojos, vuelve, a esta ciudad que, un día, tan querida te fuera!
ESTROFA 1.ª ¡Oh dioses, de esta tierra protectores, contemplad esta tropa de doncellas que os pide que evitéis su servidumbre! De la ciudad en tomo, ola guerrera de penacho oblicuo hierve encrespada por el soplo de Ares. Mas, oh Zeus, padre, ¡oh, oh!, que cumples todo, impide, como sea, que de mí se apodere el enemigo. Los argivos rodean la ciudad de Cadmo, y el horror de las armas enemigas de mí se ha apoderado. Mordidos por quijadas de caballos, muerte cantan los frenos. Siete soberbios jefes de la hueste contra las siete puertas, que en suerte les tocaran, con arneses que salvan de la pica, ya se van apostando.
ANTÍSTROFA 1.ª Y tú, oh hija de Zeus, fuerza guerrera, Palas, protege a nuestra patria; y tú, tú, sí, ecuestre señor que el mar dominas, oh Poseidón, con ese ingenio tuyo que da muerte a los peces, la salvación, la salvación te pido de mi infortunio. Y tú, Ares, ¡ay, ay!, protege claramente, presta ayuda a esta ciudad a quien Cadmo diera su nombre, tú, Cipris, la abuela de mi raza, danos tu protección, que de tu sangre hemos nacido, al fin, y a ti, con preces que a los dioses invocan, acudimos. Tú, dios lobo, se auténtico lobo, contra nuestro enemigo, y haz que pague nuestros gemidos. Tú, hijo de Letona, apresta bien el arco.
ESTROFA 2.ª ¡Eh, eh! En torno a la ciudad, el ruido de carros se escucha. ¡Oh Hera, mi señora! Al peso de los ejes, rechinan ya los cubos de los carros. ¡Ártemis bienamada! Por las picas herido el aire se enfurece. ¿Qué va a ocurrirle a mi ciudad? ¿Qué será de ella? Y, ¿qué final quiere imponerle el cielo?
ANTÍSTROFA 2.ª ¡Eh, eh! Una lluvia de piedras viene a herir las almenas. ¡Mi bienamado Apolo! De broncíneos escudos, fragor ante las puertas. ¡Escucha, hija de Zeus!, tú, que en la guerra impones santo fin a una batalla; y tú, diosa feliz, Onca, que vives frente a nuestra ciudad, salva esta sede que tiene siete puertas. "



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