Sin sangre (fragmento)Alessandro Baricco

Sin sangre (fragmento)

"Al principio, me acuerdo de una especie de orfelinato. Nada más. Luego llegó un hombre que se llamaba Ricardo Uribe y me llevó consigo. Era el farmacéutico de un pueblecito en medio del campo. No tenía ni mujer, ni parientes, nada. Le dijo a todo el mundo que yo era su hija. Él había llegado allí hacía pocos meses. La gente lo creyó. Durante el día me dejaba en la trastienda de la farmacia. Entre un cliente y otro me daba clases. No sé por qué, pero no le gustaba que me fuera sola por ahí. Lo que hay que aprender lo puedes aprender aquí conmigo, decía. Yo tenía once años. Por la noche, se sentaba en el sofá y hacía que me tumbara junto a él. Yo apoyaba la cabeza en su regazo y me quedaba escuchándolo. Explicaba extrañas historias de guerra. Sus dedos me acariciaban el pelo, adelante y atrás, lentamente. Yo notaba su sexo, bajo la tela de sus pantalones. Luego me daba un beso en la frente y dejaba que fuera a acostarme. Tenía una habitación para mí sola. Lo ayudaba a mantener limpia la farmacia y la casa. Lavaba la ropa y cocinaba. Parecía una buena persona. Tenía mucho miedo, pero no sé de qué.
Una noche se inclinó sobre mí y me besó en la boca. Siguió besándome, así, y mientras tanto me metía las manos bajo la falda, y por todas partes. Yo no hacía nada. Y luego, de repente, se separó de mí y empezó a llorar, y a pedirme que lo perdonara. De golpe parecía estar aterrorizado. Yo no lo entendía. Unos días después me dijo que me había encontrado un novio. Un chico joven de Río Galván, un pueblo cercano. Era albañil. Me casaría con él en cuanto tuviera la edad. Fui a verlo, el domingo siguiente, a la plaza. Era un muchacho guapo, alto y delgado, muy delgado. Se movía con lentitud, quizás estaba enfermo, o algo parecido. Nos despedimos, y volví a casa.
Es una historia como otra cualquiera. ¿Por qué quiere escucharla?
El hombre pensó que ella hablaba de un modo extraño. Como si se tratara de una actividad a la que no estuviera acostumbrada. O como si aquélla no fuera su lengua. Buscaba las palabras mirando al vacío. "



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