Figuras de la historia de Roma (fragmento)Theodor Mommsen

Figuras de la historia de Roma (fragmento)

"Soldado antes que todo, no conocía la finura y la delicadeza extremadas, y bebía mucho, sobre todo en los últimos años; además no sabía dar grandes banquetes, y no tenía más que un mal cocinero. Tampoco sabía hablar más que en latín; conversar en griego era para él cosa imposible; le disgustaban las representaciones en griego, las hubiera proscrito de buena gana, y quizá no sería él sólo quien pensaba de este modo, pero sí el único que tenía la sencillez de confesarlo. Así pues, durante una gran parte de su vida, fue un simple campesino extraviado entre los aristócratas; le impacientaban los gestos de disgusto de sus colegas y su cruel compasión, que hubiera debido, pero que no supo nunca, despreciar, despreciándolos a ellos los primeros.
Como vivía fuera de la buena sociedad, así mismo vivía también fuera de las facciones. Las medidas provocadas por él durante su tribunado (año 639), el establecimiento de una mejor comprobación de las tablillas de los votos, y el veto interpuesto a las mociones excesivas en materia de distribución de la annona, lejos de llevar el sello de un partido, al menos del partido democrático, atestiguan que sólo odiaba las cosas injustas o no razonables. ¿Cómo semejante hombre, de origen campesino y soldado por inclinación, hubiera podido, abandonado a sí mismo, llegar a ser un revolucionario? Es verdad que hubo un día en que, habiéndole impelido la hostilidad de la aristocracia al campo de los enemigos del poder, llegó rápidamente a su mayor altura. Jefe de la oposición al primer salto, parecía destinado a más grandes cosas. Semejante elevación, sin embargo, era más bien la consecuencia forzada de las circunstancias, que obra propia de Mario; en la necesidad sentida por todos de tener una cabeza, la oposición se había apoderado de él, cuando después de su expedición a África había pasado apenas algunos días en la capital, pues en realidad no volvió a ella hasta el año 653, vencedor ya de los teutones y de los cimbrios, para celebrar su doble triunfo, retrasado mucho tiempo; siendo ya el primero en Roma, no era en política más que un principiante. Nadie podía negar que sólo él había salvado la República; su nombre corría de boca en boca. Los ciudadanos notables confesaban sus servicios; pero respecto al pueblo, excedía su influencia a todo cuanto hasta entonces se había visto. Era popular por sus virtudes y por sus faltas, por su desinterés anti-aristocrático y por su agreste rudeza. Las masas veían en él un tercer Rómulo, un segundo Camilo; se le ofrecían libaciones lo mismo que a un dios. "



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