Invasión 14 (fragmento)Maxence Van der Meersch

Invasión 14 (fragmento)

"Albertine se consolaba recibiendo a antiguas amigas a las que deslumbraba con el espectáculo de su opulencia, tiranizando a la servidumbre y conquistando en los almacenes de la ciudad y de Lille la reputación de ser la cliente más pródiga y exigente. Se había mandado confeccionar un vestuario regio y que apenas tenía ocasión de lucir. Consideraba todo aquel lujo como un botín cogido al enemigo y atesoraba en sus armarios martas, cibelinas, plumas de avestruz y de aves del paraíso, sedas del Japón, pieles y paños, engarces en plata y oro, broches de jade, de coral, de ónix, de marfil, sombreros de paja fina, encajes de Malinas, de Brujas, y de Valenciennes con igual espíritu que conservaba en sus cajas fuertes acciones carboníferas y del Banco de Francia.
Pero, a pesar de su opulencia, ella se aburría. Sentía nostalgia de su juventud, del carrito materno de manzanas y naranjas, de sus andanzas, de sus bailes, de sus veladas en los cabarets y de aquella vida anterior populachera. Frecuentemente, en sus horas de aburrimiento, descendía a la cocina y tomaba café con las criadas, hablándoles de David y de los insultos que le infligía, jugaba con ellas a las cartas y pasaba una tarde feliz. Pero, al día siguiente, su carácter volvía a ser el de siempre y la antigua vendedora de legumbres se mostraba más desdeñosa hacia aquellas que le servían que la más altiva descendiente de nuestros magnates industriales.
Sin embargo, David seguía conservándola. No ignoraba nada de lo que ocurría. Era de aquellos que una larga contingencia termina bruscamente con un estallido. Sabía perfectamente la calidad de afecto que le profesaba Albertine. La parte de codicia, de odio, de rencor y de temor que tenía el amor que ella sentía por él. En su presencia ella parecía una fiera domada que se venga cumplidamente en cuanto puede. Él estaba enterado de que Albertine había acumulado una fortuna a su costa y que algunas veces incluso le había engañado. Pero él había llegado a aquella edad en que se comienza a amar a los seres más que por sí mismos, por los recuerdos y costumbres que evocan. "



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